El reto “imposible” del Guggenheim para reducir a cero sus emisiones

4.313 toneladas de CO2 o 172 visitas Bilbao-Madrid. Esta es la huella de carbono del Museo Guggenheim en Bilbao y “solo estamos hablando de transporte de las obras y los desplazamientos del personal”, apunta Rogelio Díez, responsable de mantenimiento e instalación del museo. “Nos falta calcular la de los materiales”, explicó, “pero me da el olfato que no va a ser tan gordo, aunque no lo sabemos”.

Un viaje desconocido, “porque nadie ha hecho esto antes”, advierte Díez. El Guggenheim es pionero en esta medición y también una institución a la vanguardia y no sólo por las obras de arte que dan color y relevancia a sus galerías, sino también por su concienciación ambiental. “Desde el día en el que abrimos nuestras puertas, pusimos el foco en estos temas”, asegura.

Tras un cuarto de siglo recibiendo visitantes y obras de arte, el próximo mes de octubre el museo cumple 25 años, “la sostenibilidad es una cosa de todos”, apostilla. “En principio, estos temas eran de mi departamento, porque nos encargábamos de las instalaciones y el consumo energético”.

Fue en 2012 y se ‘hizo la luz’. En aquel año, “vimos una oportunidad tecnológica para cambiar la luminaria y usar luces LED que consumen menos”, responde. Una modificación que no afectó a las galerías “por temas de conservación”.

Sostenibilidad en este caso chocaba con la regulación. “Teníamos que mirar la temperatura del color, si esta tecnología afectaba a las obras…”, recuerda. Pero, ya cumplieron con un objetivo, “les metimos en esta rueda ambiental y les hicimos pensar”.

Iluminación de una obra en el Museo Vasco. – Jordi Alemany

Un germen plantado en 2012 que ahora ha crecido y ha brotado en el plan de sostenibilidad, porque «hay que dar un paso firme», explicó. “Lo que vienemos haciendo está bien, pero hay que acelerar el paso”, advierte.

“Imposible llegar a cero”

“Los objetos de la Agenda 2030 están a la vuelta de la esquina”, comentó el responsable de mantenimiento e instalaciones del Guggenheim Bilbao. Además, “se mantiene en una emergencia climática”, añade. “Es urgente minimizar este impacto y hay que buscar las cero emisiones, pero es imposible hacerlo”, advierte.

Desde su inauguración, un 17 de octubre de 1997, el Guggenheim ha recibido un total de 23.745.913 visitantes (cifra a fecha de 31 de diciembre de 2021). “Mucha gente viene en check y eso no se puede controlar”, comentó. Coche o avión, ya que seis de cada diez personas que recorrieron estas galerías bilbaínas son extranjeros, principalmente franceses (17,2%), británicos, alemanes y estadounidenses, por este orden.

El impacto calculado del transporte de obras y desplazamientos “supone un tercio del total”, asegura Díez. Todavía falta un 66% y “nos va a costar dos años responderla”, destaca. Otro tercio de las emisiones tiene su origen en la energía que necesita el edificio.

«Trabajamos para flexibilizar las condiciones de conservación y ser más eficientes energéticamente» rogelio díez, responsable de mantenimiento e instalación del Guggenheim Bilbao

“Trabajamos para flexibilizar las condiciones de conservación, pero no depende de nosotros”, señala. Por normativa, las galerías tienen que tener una temperatura determinada y una humedad relativa adecuada “para conservar los objetos de arte y asegurar el confort de los visitantes”, asegura.

Las salas del Guggenheim se mantienen entre los 21ºC y 24ºC, “hace tiempo estaba en los 22ºC, pero la gente helaba en verano y había un sobrecoste importante”, explicó Rogelio Díez. En realidad, la energía que requiere el edificio de Frank Gehry proviene del gas natural para generar calor en invierno y electricidad para el frío en verano y mantener la humedad. “Es necesaria una flexibilización para ser más eficientes”, explicó.

La humedad relativa del famoso museo, bordeado por el río Nervión, es del 50%. “Es importante vigilarla, porque los cambios bruscos pueden generar fatiga en las obras”, explicó. “Estamos ante un tema tabú, porque afecta a la durabilidad, pero ya hablamos con conservación para mjorar el confort y el consumo”.

Este es un largo camino por el Museo Vasco, pero la descarbonización también pasó por la adopción de fuentes de energía renovables. “Hay que explicar que no podemos poner paneles solares en el tejado del edificio, el Guggenheim en sí es una escultura”, explicó Díez. “El futuro, creo, pasa por el hidrógeno, pero, un día de hoy, no hay mercado”.

piensa en verde

Superadas las dos décadas de vida, “queremos acelerar el paso”. “Antes quizás se miraba cuánto costaba o si había presupuesto”, reveló Díez. “Ahora, la pregunta es si es sostenible”, añade. Desde hace un año, y dentro del Marco Estratégico del museo, el Guggenheim cuenta con un equipo multidisciplinar de “una docena de personas de todos los departamentos” para trabajar en la conciencia de la importancia de la sostenibilidad, identificar mejores oportunidades y hacer un seguimiento de esta materia.

«No podemos poner paneles solares sobre el Guggenheim, porque el edificio es una escultura» rogelio díez, responsable de mantenimiento e instalación del Guggenheim Bilbao

En los últimos años, el museo ha trabajado en la impulsión de medidas para optimizar las instalaciones, la gestión del agua, el control de los residuos y el uso de materiales más sostenibles. “En definitiva trabajamos en clave de sostenibilidad”, resumen.

Una visión ecológica de principio a fin, sólo queda la nueva señalización vial que el museo utilizará en la medida de lo posible y el alquiler de embalajes en lugar de obra para el transporte. Además, las paredes de las exposiciones se reutilizarán para otras exposiciones y otros elementos de exposición se utilizarán con otros centros.

Este pensamiento verde “llega a todos los departamentos”, relató Díez. La propia programación artística se ha impregnado con este sentimiento. La programación del Guggenheim para este año 2022 cuenta con una línea de actuación que reflexiona sobre este tema y promueve la sensibilización ecológica. Asimismo, albergará el simposio ‘Ecologías del Agua’ «con el objeto de fomentar el diálogo y la colaboración entre artistas, científicos y tecnólogos en el contexto del clima climático», detalla el Guggenheim en nota de prensa.

«Con todo esto queremos reducir y eliminar nuestras emisiones de gases de efecto invernadero», detalla Díez, «pero llegar a cero es imposible por lo que compensaremos», añade. Este plan “estará disponible para finales de año”, avanza. “No queremos que solo sea reforestar, está bien pero también queremos que tenga otros beneficios sociales y si está relacionado con el arte, mejor”, explicó.