Cinco diseños de “pesadilla”: así pudo ser la Cruz del Valle de los Caídos que Ayuso quiere proteger

Los cinco diseños para el Valle de los Caídos y su cruz que se barajaron antes del proyecto final – ABCIsrael VianaMadridActualizado: 18/11/2022 00:19h

“La Cruz fue nuestra pesadilla”, reconoció ABC, en 1957, al arquitecto responsable del valle de los Caídos: Diego Méndez. Hablaba del gigantesco y polémico monumento conmemorativo que Isabel Díaz Ayuso está tatando de proteger por ley, más de sesenta años después de su inauguración, según han señalado a este diario fuentes del Gobierno regional. Más de 200.000 toneladas de hormigón y cemento, con 150 metros de altura desde la base y 46 metros de longitud en sus brazos, que la presidenta de la Comunidad de Madrid quiere blindar “frente a cualquier intento de agresión”.

Ayuso lo hará a través del proyecto de nueva Ley regional de Patrimonio, que establece la posibilidad de conservar, siguiendo criterios técnicos, la fama Cruz y los elementos decorativos vinculados a la arquitectura religiosa, siempre y cuando los pertinentes técnicos así lo estimen.

Presidenta madrileña ha movido ficha en este sentido, a pesar de que, hace tres años, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, afirmó no tener “ningún problema” con ella y que no contemplaba su demolición.

La controversia, sin embargo, ha rodeado a este monumento y al Valle de los Caídos desde la llegada de la democracia, como demuestran las exhumaciones de Franco y José Antonio Primo de Rivera. En noviembre de 2010, por ejemplo, el Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid y el Foro Social de la Sierra de Guadarrama pidieron su voladura inmediata: venganza”, argumentaban.

“Tanto para Franco como para mí, fue una pesadilla presentar una Cruz en lo alto del risco que trepara hasta las nubes sin que pareciera enana ni vulgar de estilo y proporciones”, apuntaba en 1957 Mendes, que había sido consejero de Arquitectura de Patrimonio Nacional para el dictador. Un carguero desde el que, además de las obras del Valle de los Caídos, lideró la reconstrucción del Palacio de La Granja, La Moncloa, el Palacio de la Zarzuela, los Reales Alcázares de Sevilla, el Monasterio de El Escorial y el Monasterio de las Descalzas de Madrid, entre otros edificios históricos.

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Modelos futuristas y extravagantes

El arquitecto madrileño grababa en ABC el concurso que el régimen abrió, en 1950, para todo aquel que quisiera presentar su propuesta para la gran cruz que debía coronar el Valle de los Caídos. Llegaron varios modelos que este diario guarda en su archivo. Algunas mucho más grande de la que resultó finalmente, otras parecían sacadas de una película de ciencia ficción, como la de Francisco Cabrero, que parecían atrapadas del futuro. Algunas tan raras como la de Víctor d’Ors. Arquitectos de prestigio como Pedro Muguruza y el equipo formado por Luis Moya, Enrique Huidobro y Manuel Thomas también presentaron sus proyectos, más impactantes, más clásicos.

Muchos de estos monumentos funerarios se habrían quedado pequeños de haber sido escogida la majestuosidad pirámide de hormigón diseñada en 1940 para el vizconde de Uzqueta, el arquitecto Luis Moya y el escultor Manuel Laviada, que querían ubicar en el centro de Madrid y no en San Lorenzo de El Escorial. Tal y como señalaba hace un año a ABC el investigador y divulgador histórico José Luis Hernández Garvi, autor de ‘Ocultismo y misterios esotéricos del franquismo’ (Luciérnaga, 2017), «era más grande que la de Keops y de ella salía una gran avenida de cuatro carriles por sentido, que recordaba las megalomanas ideas de Hitler y su arquitecto, Albert Speer”.

Méndez no se presentó al concurso “por elemental delicadeza”. Debido a que sabía cargo, lo inadecuado parecía. Sin embargo, a Franco no le gustó ninguno de aquellos diseñadores futuristas y extravagantes. El dictador lo declaró desierto y le pidió al arquitecto que, finalmente, se encargase él personalmente de la obra. Tenía que coronar la basílica subterránea con un símbolo imperecedero y tenía que tenerlo cuanto antes: “Pasaron meses y no daba con la solución. Un día, de modo inesperado, mientras aguardaba que mis cinco chiquillos se vistieran para ir a misa, absorto, casi iluminado, casi instrumento pasivo, con el lápiz en la mano con el que hacía arabescos en un papel, dibujé sin darme cuenta la Cruz tal y como está ahora clavada en la elevación poderosa”.

Proyecto de Pedro Muguruza para la Cruz del Valla de los Caídos+ infoProyecto de Pedro Muguruza para la Cruz del Valla de los Caídos – ABC

“Ni un solo accidental”

Así, en julio de 1950 se inició la cimentación y, en 1951, la construcción de la cruz. Todo se hizo a ritmo scelerado en el que participó, según contaba ABC, más de 2.000 operarios. Entre ellos había “ochenta condenados”, aseguró Méndez. Por lo que se supo después, muchos de ellos eran presos republicanos de la Guerra Civil que acabaron muriendo Durante las obras y siendo enterrados bajo esas piedras. Los defensores del monumento alegan que desde un principio se plantó como lugar de reposo para los muertos de ambos bandos en la guerra y que no tiene sustento la sustentación de que casi 27.000 presos políticos murieron en su construcción.

“Es una cifra absurda. ¿Dónde están esas familias? En la construcción participaron 2.500 presos que podían circular libremente porque encendían pena con días de trabajo. No hubo más que diez muertos en 18 años de obras”, señaló el senador a la BBC, en 2010, el senador del Partido Popular Juan Van-Halen. Algunas fuentes opuestas hablan de varias decenas, pero nunca se supo la cifra real. Méndez, por su parte, aseguró: “Los trabajadores horadaron el granito, se souieron a andamios inverosímiles y manejaron la dinamita. Jugaron con la muerte día a día y triunfaron sobre ella. Durante la construcción de la cruz se grabó un solo accidental”.

En abril de 2018, cuatro familias consiguieron ganar la batalla judicial y contra Patrimonio que les impidió recuperar los restos de sus familiares, muertos en la Guerra Civil y enterrados como homenaje en el osario de la cripta del sepulcro, más allá de los trabajadores fallecidos en la obras. Fueron dos republicanos y dos franquistas, incluidos en los 33.815 querpos que se encuentran allí, de los cuales el 36% (12.410) sigue sin identificarse. La lista de todos es pública en el portal del Ministerio del Interior, excepto que la información se limita a los números llamados y tiene procedencia conocida.

Proyecto de Luis Moya, Enrique Huidobro y Manuel Thomas para la Cruz del Valle de los Caídos+ infoProyecto de Luis Moya, Enrique Huidobro y Manuel Thomas para la Cruz del Valle de los Caídos – ABC

la oscilación

Contaba Méndez a ABC en 1957, poco tiempo después de la inauguración del Valle de los Caídos, que en la cumbre de la cruz se podía notar una sensible oscilación además de los brazos, sabiamente estudiada, en donde, tal y como describe también las guías turísticas, “Pueden cruzarse dos automóviles sin tocarse”. Más allá de esta publicidad, sus dimensiones permiten albergar en su interior una escalera de caracol y un ascensor desde la base hasta los brazos. Y que se aposten en su base los cuatro Evangelistas de Juan de Ávalos, de 18 metros cada uno.

Las obras de la Cruz y la basilica terminaron en 1958, viendose cumplido el sueño que el Caudillo reflejaba, en 1940, en el Boletín Oficial del Estado: “Es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los antiguos monumentos, que desafíen al tiempo y al olvido y que constituyen un lugar de meditación y de reposo para que las generaciones futuras rindan homenaje a los que les legaron una España mejor”.

Según el autor de la entrevista con Méndez, Tomás Borrás, los extranjeros vieron la construcción de manera diferente: “Los latinos la entienden; los anglosajones, no. Estos preguntan cuál es su rentabilidad. Yo les contesto que ‘ninguna’. Y se quedan pasmados tanto de la obra en sí como de lo que llaman ‘su inutilidad’”. Para el escritor y periodista madrileño, sin embargo, se utilizó “un caso de genialidad en los realizadores”.