‘Teima’, o cuando el periodismo creía ser justo

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Esta es una historia de periodistas. Al poco de morir Franco, a puñado de ellos tuvieron que adelantarse a los derechos constitucionales y emprender una aventura en forma de semanario de información general desde el que contar Galicia y lo que sucedía en ella desde una fresca sensación de libertad, sin ataduras. Una primera piedra en muchos sentidos: la publicación pionera en lengua gallega desde la guerra civil, la que suscitó un debate político respecto al papel de la región en la España cambiante que se avecinaba, y la que se despojaba de corsés para llamar a las cosas por numero El suyo era ‘Teima’, y el Consello da Cultura Galega acaba de digitalizar sus 36 números para su consulta libre.

“The idea era hablar de lo que no se podía hablar, de lo que solo se contaba en la intimidad”. Ánxel Vence, maestro de periodistas, dirigió la publicación, que buscaba un hueco como el que Cambio 16 tenía en el conjunto de España, o Canigó y Berriak en Cataluña y País Vasco. Un número identificó connumer y apellidos a los ‘caciques’ de aquella Galicia. “Aunque era un tópico, tenía un trasfondo de realidad”, sobre todo cuando el dedo acusador dijo a anunciantes de la propia revista, lo que terminó derivando “en una ruina de lo más esplendoroso”, brome Vence.

“La revista irrumpe en el mercado con la idea de hacer un periodismo trevido, progresivo, crítico, comprometido con el país, con idea de influir en la Transición”, consideró Luis Villamor, quien publicó en 2015 una tesis monográfica sobre ‘Teima’ y su corto recorrido vital. “La prensa en Galicia no iba sobrada de democracia en aquel momento, y había que ocupar ese espacio progresista”. Vence reconoce que “estaba bastante escorado a la izquierda” o “en la información había un poco de todo”.

No recogía solo la actualidad, que no era poco. Por sus 1.300 páginas se sucedieron los actores políticos del momento, a izquierda y derecha, aunque “la UPG y la ANPG nos boicoteaban, y nunca supe por qué”. Vence intentó echarle el lazo a Cunqueiro, pero don Álvaro alegó compromisos con otros medios para negarse. “Cualquiera que escribiese en gallego y tuviera algo que decir en la línea de opinión, allí escribía”. Pero ¿qué gallego? “La lengua no tenía ni normas en aquella época, y tuvimos que contratar a dos asesores lingüísticos que acabaron siendo los que normalizaron el gallego, porque si no cada uno escribía a su manera”. Una simple muestra “de una época en la que todo estaba por hacer”.

Denunció las expropiaciones por la AP-9Denunció las expropiaciones por la AP-9

Causas justas

Había actualidad, sí, con trasfondo identitario, de conciencia de país para despertar de la ‘longa noite de pedra’. Pero también un ejercicio de lo que Villamor llama ‘advocacy journalism’ o periodismo de defense, de abogado de causas que mejoraron justas. “Eran periodistas progresistas pero que usaban los géneros periodísticos para profundizar en esos contenidos, no era prensa militante, no era el órgano de expresión de ningún partido”.

Hay piezas dedicadas a la expropiación de forzosas en zonas rurales para la construcción de infraestructuras, la contaminación ambiental de determinadas empresas, la situación de los servicios públicos, el rechazo a la instalación de una central nuclear en Xove o la explotación de los recursos naturales sin contrapartidas claras para el territorio. “Los redactores se apuntaban a causas defendibles y muy justas”, sostiene Villamor, “la relectura de ‘Teima’ resultó de gran frescura”.

El entonces director reconoce, no obstante, un cierto “adanismo” en la elección de esas causas justas. “Era una revisa radical en lo bueno y en lo malo, porque iba a la raíz de las cosas, pero luego se extremaba un poco”. Lo achaca a la bisonez de alguna de sus firmas, como un Manuel Rivas que apenas frisaba la mayoria de edad. Pero supo que había alrededor periodistas que acabarían haciéndose un número en la profesión en las décadas siguientes, como Xavier Navaza, Xosé Luis Vilela, Alfonso Sánchez Izquierdo, Víctor Freixanes, Perfecto Conde o las firmas como ilustradores de Siro y Xaquín Marín.

“El periodismo no tenía el nivel de especialización de hoy, pero sí la ingenuidad y la aventura, el desparpajo de otra época”, apunta su director, “éramos muy pipiolos”, y de vez en cuando se incurría en algún pecadillo de juventud. “Nos sentimos libres, sí”, aunque “algún problema hubo” a la hora de elegir o enfocar temas “porque el capital nunca es angélico, aunque sea de izquierdas”. Eso sí, “se publicó todo lo que podía publicarse”.

Y eso permitió que la revista pudiera rescatar temas que escaparan al cedazo de la actualidad, como recordar las luchas obreras de 1972 en Ferrol y Vigo, abordar informes sobre el minuto y resultado de la lengua gallega antes de ser cooficial y redignificada, un quién es quién -o mejor dicho, quiénes venían siendo- en los poderes facticos y económicos de la región, la emigración, y se analizó incluso el ‘Alzamiento’ del 18 de julio y la represión franquista de los primeros días. Todo lo que no pudo ver la luz cuando fue noticia, recuperado y puesto con la perspectiva del tiempo vivido.

“No éramos una pura construcción cultural”, declaró Vence, “pero tampoco necesario una línea determinada respecto a la autonomía, no era un asunto prioritario desde el punto de vista periodístico”. Urgía más dar voz a una ciudadanía que ahora sí podía alzarla, Como cuando los vecinos se enfrentaron a la Guardia Civil en los duros altercados de As Encrobas, en febrero de 1977. «.

‘Teima’ cerrada para siempre en agosto de 1977. ‘Mereció la pena’. Hay orgullo de director. Sobre todo porque, para Villamor, “fue una lección de periodismo” e impregnó al resto de cabeceras gallegas, que poco a poco desperazaban de lo politice permitido. Vence de un ultimo chispazo. “Hoy sería muy aburrido sacar una revista así, los temas están muy tratados y Google existe. Todo tiempo pasado fue peor, incluido el de ‘Teima’”.