El olvidado viaje de Franco al wholero del Rey de Inglaterra representando a la Segunda República

Edición de una fotografía del Rey Jorge V y la Reina María, durante la coronación, junto a Franco en 1936 – ABCIsrael VianaMadridActualizado: 26/09/2022 02:30h

El abuelo de Isabel II, Jorge V, murió el 20 de enero de 1936. ‘A medianoche ha desaparecido Su Majestad el Rey de Inglaterra’, titulaba ABC a toda página. ‘El Rey ha muerto, ¡viva el Rey!’, apuntaba el editorial, que comenzaba así: “España entra asociará con el más profundo sentimiento al dolor que sufre hoy el pueblo inglés. Dolor de todos sus hijos, de todas sus clases sociales; y tanto más hondo y más sincero, porque reinó paternalmente Durante 25 años, ocho meses y 14 días en los que Inglaterra atravesó días margos de guerra y días sonrientes de paz, días azarosos de grave crisis económica y días soleados de prosperidad”.

Un poco más abajo, este periódico anunció que uno de los elegidos para viajar a Londres, en representación del Gobierno de la Segunda República, fue Franco.

Un dato cuanto menos sorprendente, porque solo seis meses después se iba a unir al golpe de Estado promovido por el general y un buen número de militares sorted. El futuro dictador acudía como representante del Ejército español en una pequeña y elegida comitiva en la que también estaba el ministro de Estado, Joaquín Urzáiz Cadaval.

Durante los años anteriores, Franco había mostrado una actitud ambigua con respecto al régimen instaurado el 14 de abril de 1931. cargo contra el entonces ministro de Guerra, Manuel Azaña, por intentar los gastos del Ejército. Pero por otro, hizo gala de su lealtad al Gobierno, una idea que quiso dejar clara, incluso, en una desconocida mapa que le envió al director de ABC, Juan Ignacio Luca de Tena, el 18 de abril de ese año. El documento fue publicado en el diario.

En realidad, en Franco ocurría como a tantos otros generales que navegaban entre dos aguas: la fidelidad al régimen que ostentaba el poder, de la cual dependía su futuro en el escalafón del Ejército, y sus verdaderos deseos políticos. En este sentido, en la última parte de la misiva dejó clara su intención de no levantarse contra el nuevo Gobierno: “Es mi firme propósito respetar y acatar, como hasta hoy, la soberanía nacional, y mi anhelo de que esta se expresa por sus bancadas legales adecuadas”. Y lo cierto es que, desde ese momento y hasta el golpe de Estado de julio de 1936, el general se mantuvo leal a la República.

Portada con motivo de la muerte del Rey Jorge V de InglaterraPortada con motivo de la muerte del Rey Jorge V de Inglaterra – ARCHIVO ABC

«Franquito es un Cuquito»

Así lo advirtió José Sanjurjo, cuando se enteró de que este se negaba a prestarle su apoyo en el golpe de Estado de 1932 en Andalucía: “Franquito es un cuquito que va a lo suyito”. A raíz de ello, varios ministros republicanos le mostraron su confianza. Es el caso de Diego Hidalgo, responsable de la cartera de Guerra Durante el Gobierno radical de Alejandro Lerroux, quien encargó la difícil tarea de sofocar la Revolución de Asturias en 1934. Según explicó Jesús Ángel Rojo en su libro ‘Grandes traidores a España ‘ (El Gran Capitán, 2017), Franco fue el responsable de sofocar los disturbios con mano de hierro y de salvar al régimen en uno de sus momentos más complicados.

En esa época, el Rey de Inglaterra tenía ya la salud muy delicada. En realidad, no recuperó la forma desde la Primera Guerra Mundial, cuando su caballo lo tiró al suelo en una revisión de las tropas en Francia. A esto sumó su adicción al tabaco, que le acarreó numerosos problemas respiratorios, una pleuresía y una enfermedad pulmonar obstructiva. El problema más grave lo tuvo, sin embargo, en 1928, con una septicemia que le impidió hacerse cargo de sus obligaciones en numerosas ocasiones.

Jorge V no se recuperó nunca del todo y, en su último año de vida, vivía pegado a una botella de oxígeno. La víspera de su muerte, el Rey recuperó la conciencia por unos segundos y le preguntó a su secretario: “¿Cómo está el Imperio?”. Nunca había hecho una pregunta como aquella, que parecía producto de sus desvarios. Este lo siguió y respondió en voz baja: “Todo está bien con el Imperio, señor”. El monarca sonrió y volvió a caer en la inconsciencia. En ese momento, antes de incluir esa falleciera, comenzaron los preparativos del que iba a ser uno de los enteros más mediáticos del año.

Portada del entero al que asistió Franco enero de 1936+ infoPortada del wholero al que asistió Franco enero de 1936 – ARCHIVO ABC

los preparativos

Según escribió ABC el 25 de enero de 1936: “El hombre más ocupado en Inglaterra estos días es, seguramente, el duque de Norfolk, sobre el que ha caído el trabajo de organizar y preparar las complicadas ceremonias del wholero del Rey Jorge y proclamación del Rey Eduardo VIII, con el esplendor y la pompa de los tiempos medievales. El duque de Norfolk trabaja sin cesar desde las primeras horas de la mañana en su despacho del palacio de Norfolk, convertido en una verdadera oficina. Rodeado de secretarios y con cuatro teléfonos al alcance de la mano, el joven duque tiene que solver infinidad de cuestiones y dar órdenes continuas. Durante todo el día, sus habitaciones están llenas de miembros de la Casa Real, oficiales de Policía, altos jefes del Ejército y la Marina, heraldos del Colegio de Armas, etc. Continuamente salen y entran en el palacio mensajeros con encargos. El trabajo es tan intenso que, Durante toda la noche, quedaron encendidas las luces de las habitaciones ocupadas por el duque y sus secretarios”.

Un poco más abajo, el diario anunciaba: “El ministro de Estado, el señor Urzáiz, marchó a París en el tren expreso para seguir su viaje a Londres desde allí. En la capital de Inglaterra asiste al funeral del finado Monarca Jorge V en representación del Gobierno español. El Domingo se unirá en París con el General Franco y los demás militares representantes que van a Inglaterra con igual fin”.

Este no fue el único entero de un miembro de la Familia Real británica. En 1952, el dictador español acudió a despedir al Rey Jorge VI, después de que en la madrugada del 6 de febrero, el monarca y padre de Isabel II fueron encontrados muertos en su habitación de Sandringham House, la casa de campo a la que se había retirado cuando su salud se deterioró.