Dua Lipa, de diva millennial a astro mundial en el Palau Sant Jordi

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Una carta de ajuste ochentera, neones a tutiplén, una barra de baile tamaño ‘kingsize’ por la que había pirrado Olivia Newton John y, en el centro, puro nervio y vestuario rosa chicle, Dua Lipa. La diva millennial, nuevo astro del pop de altos vuelos, tiene un paso en solitario para convertirse en estrella mundial. «Vamos, pongámonos físicos», ordena más que canta escoltada por una decena de bailarines. Y el Palau Sant Jordi, claro, obedece. Y se pone físico. Y enloquecer. O algo así. Porque tampoco es cuestión de llevarle la contraria.

Vale que ha salido con retraso y el público ha tenido que entretenerse haciendo la ola o meciéndose al ritmo del ‘Sing It Back’ de Moloko pero, ¿qué son quince minutos de nada cuando el público lleva dos años esperando este momento? Dos largos años de espera y dos aplazamientos, de 2020 a 2021 y de 2021 a 2022, tras los que, ahora sí, la británica ha aterrizado por fin en Barcelona para presentar ‘Future Nostalgia’.

Así que, “vamos, pongámonos físicos”, ni que sea para desenfundar el móvil y no perder detalle. La ocasión lo merece.

Así arranca, por todo lo alto y con las gargantas al límite, la primera parada de una gira que, tras pasar por Madrid, volverá a Barcelona para trepar hasta lo más alto del cartel del Primavera Sound el 9 de junio. Si la producción es la misma, bien harían el resto de artistas de esa jornada quedándose en el camerino. Porque todo en este ‘Future Nostalgia Tour’ está pensado para arrollar. Para pasar por encima del público y salir a hombros por la puerta grande. De ‘New Rules’ a ‘Love Again’ y de ‘Cool’ a ‘Pretty Please’. Desde la gigantesca bola de espejos que se proyecta en la pantalla hasta los skaters malabaristas. Sin respirar. Sin (casi) pauses necesarias, he aquí la esperanza que muchos necesitan para liberar tensiones acumuladas. “Sabía que sería divertido, pero no que sería una locura”, dijo al final del día, tras una primera media hora frenética, se detiene unos segundos a recuperar el aliento antes de rescatar ‘Be The One’. Ahí está. O hace como que tropieza y se cae. Porque también es casualidad que se resbale justo en el mismo momento que hace un par de días en Milán. Así que seguimos.

Dua Lipa, en BarcelonaDua Lipa, en Barcelona – Ardrian Quiroga

Con ‘We’re Good’ llega el primer cambio de vestuario, pero todas las miradas son para una langosta gigante que aparece sobre el escenario. Si, una langosta. Ni pregunten. Para cuando cae ‘Good In Bed’ ya ha desaparecido. Visto y no visto. Una travesura escénica a juego con los corazones diminutos de ‘Break My Heart’ que acaba aplastada por el impacto de ‘Boys Will Be Boys’ y el rodillo electrónico de ‘One Kiss’. El Sant Jordi convertido en una discoteca giganteca y todos los bailarines apiñados en el escenario secundario.

Ahí están los bajos elásticos y gomosos, las virutas de Giorgio Moroder, nostalgia retrofuturista en su justa medida, el arsenal de himnos adhesivos… Ahí está, bien pensado, todo lo que se le puede pedir a un concierto de pop en pleno siglo XXI . Un concentrado de éxitos con vistas al futuro y fogosas celebraciones de la vida a través del baile gimnástico. Teoría y práctica del pop de estadios en su versión más eufórica y comunal.

Ni siquiera necesita la británica abusar de la pirotecnia escénica o los efectos especiales: le basta con echarse a la garganta una ‘Hallucinate’ por la que habría matado a Madonna de hace quince años, invocar a Elton John en ‘Cold Heart’, salir volando (literalmente) con ‘Levitating’ y echar el resto con ‘Future Nostalgia’ y ‘Don’t Start Now’ para bordear un elegante montaje y certificar su transformación en una supernova de impacto planetario.