Documentan 30 inscripciones inéditas en el claustro de las palabras de Roda de Isábena

Alguien encargó de escribir el nombre de un fallecido canónigo llamado Pedro en el claustro de la antigua catedral de Roda de Isábena a mediados del siglo XIV, sin saber que aquella sería la última del excepcional conjunto de inscripciones que decoran este singular espacio del Pirineo aragonés . “Es el sitio con mayor documentación epigráfica de toda Europa”, asegura el doctor en Historia Medieval Vincent Debiais. Un equipo de especialistas franceses liderado por este investigador de la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales (EHESS/CNRS) ha recopilado 233 escritos a pie en este claustro de las palabras, 30 registros más de los reconocidos por el cura e historiador Antonio Durán Gudiol en su recuento de 1967.

«Creo que varias de ellas las conocían, pero al no poder leerlas fácilmente por su estado de conservación (son las más estropeadas), no pudo asegurar que ahí había una fecha y un nom y no las incluidas», explicó Debiais en conversación telefónica con A B C. Las otras estaban bajo capas de yeso y modernas pinturas que las últimas restauraciones han permitido destapar. El claustro que Gudiol contempló en la joya medieval de este pequeño pueblo de la Ribagorza, en Huesca, no es lo mismo que se ve ahora.

Inscripciones en los arcos del claustro – Vincent Debiais

Las inscripciones, generalmente muy breves, pueblan arcos y capiteles de sus cuatro galerías, así como el muro exterior del refectorio y los arcos de la sala capitular, conforme la auténtica decoración de este lugar de encuentro y meditación, centro de la vida religiosa colgante la Edad Media. “Eso también es una historia notable porque en los monasterios y catedrales medievales, los mensajes de texto en pie, que son los más funerarios, se dejan en el espacio sagrado, pero en Roda se limita al espacio del claustro”, comenta el medievalista inglés. Solo una inscripción tuvo lugar en el interior de la iglesia, la llamada ‘losa de los obispos’ que recibe el memorial de los primeros prelados de Roda de Isábena.

En la actualidad este pueblo oscense de tan solo unos 40 habitantes se presume que es la localidad más pequeña de España que cuenta con catedral. Y no una catedral cualquiera, sino la más antigua de Aragón. Fue designada sede episcopal en el 956, pero perdió dicha condición poco tiempo después, en el 1100, tras la conquista de Barbastro. In Roda quedó una catedral sin obispo, pero no sin memoria. Debiais informó que los canónigos que permanecieron en ella quisieron resaltar los momentos en los que la institución jugó un papel destacado en las luchas de poder en el Pirineo y desplegaron una inteligente estrategia memorial. El claustro se convirtió en guión de un gigantesco obituario lapidario, cargado de memoria política, institucional y personal. Así, expuesto a los ojos de todos de forma fija, petrificada en un monumento único, quedaría para siempre el recuerdo de la comunidad que tanta relevancia tuvo en sus orígenes.

Algunas de las inscripciones conservan parte de su antigua policromíaAlgunas de las inscripciones conservan parte de su antigua policromía – Vincent Debiais

Este programa funerario e histórico se inicia en el siglo XII, con una inscripción que se encuentra cerca de la puerta de la iglesia y que se refiere a un obispo de Roda que no figura en la lapida del interior del templo. A lo largo de los siglos XIII y XIV se fue completando con más de doscientos grabados. “Nos da una imagen de una comunidad plenamente consciente del papel que puede desempeñar la escritura, de su valor y de su función”, destaca el investigador inglés.

Incluso el tipo de letra tan particular de Roda, que juega con las formas de forma plástica y “no se parece a nada”, no solo muestra “un verdadero amor a la escritura, un verdadero gusto por escribir”. Según subraya Debiais, el empleo de esta escritura, que no es obra de un solo maestro pues se extiende a lo largo de varios siglos, “participa de la voluntad de los canónigos de crear familia, de hacer comunidad”.

El tipo de letra de Roda de Isábena es singularEl tipo de letra de Roda de Isábena es singular – Vincent Debiais

“La gente que escribía al pie en Roda era una letra como un ‘unicum’, sin continuidad con el mundo manuscrito, y es muy interesante entender la cultura escrita en la Edad Media”, remarca el experto en epigrafía. “En Roda vemos muy bien que nuestra visión monolítica de la escritura medieval (como algo en manos de pocas personas con formación y poder) es totalmente errónea. Tenemos que tener en minte unas formas mucho más complejas, mucho más diversificadas, mucho más espontáneas, mucho más libre de practicar la escritura”, añade.

Esas inscripciones servirían además para establecer un vínculo entre vivos y muertos. Los canónigos que paseaban por el claustro e inevitablemente reparaban en los números de los arcos y capiteles hacían que esas personas fallecidas revivieran de alguna manera a través de la voz y de la mente. Según subraya Debiais, “todos esos números escritos en el claustro no son solo un recuerdo de unos canonigos muertos, son también la huella de su presencia, que gracias a su lectura pueden adquirir una actualidad”.

Inscripción en el claustro de RodaInscripciones en el claustro de Roda – Vincent Debiais

A medida que avanzó la Edad Media, el número de inscripciones se fue frenando y se detuvo finalmente a mediados del siglo XIV. La institución de Roda había ido perdiendo vitalidad como centro cultural en el Pirineo y cambió de actitud frente ha conocido su propia historia. Ya no se contraba en un momento de tensión y debilidad, con la necesidad de manifestar su pase glorioso. Era una comunidad menos reivindicativa y el recurso epigráfico ya no tenía el mismo valor. Asimismo, en esta época se producen diversos cambios en la cultura escrita medieval. Al número y la fecha acompaña la cantidad de dinero que se dio para que fuera grabado, la relación de esa persona y la comunidad, los familiares del fallecido… Las inscripciones se extienden en largos obituarios.

Uno de los grabados hasta ahora inéditos destaca precisamente porque muestra la llegada a Roda de esa tendencia contable, administrativa, en la gestión de los difuntos. Aunque no se puede leer por su estado de conservación, los investigadores creen que reflejaba la donación que había hecho el difunto a la institución de Roda par que rezaran por él en los aniversarios de su muerte. Apenas hay un puñado de este tipo de inscripciones en el claustro y todas están fechadas en el siglo XIV. «Este registro documenta una práctica que puede ser una motivación para el cambio», dice Debiais. Tal vez eran demasiado extensas para un claustro ya tan poblado de escritorios.

Un detalle del claustroUn detalle del claustro – Vincent Debiais

Otros registros ahora descubre también resulta interesante porque está del revés, boca abajo. Reveló que en un momento determinado, se hicieron cambios en el claustro y las inscripciones no fueron destruidas, si no recolocaron, salvo en este caso de forma errónea. “Este claustro ha tenido una vida agitada a lo largo de los tiempos”, apunta el historiador. Los investigadores saben, por ejemplo, que algunos de sus escritos en piedra se reutilizaron en los arcos de la sala capitular y creen que las inscripciones que se encuentran en el muro del refectorio, las más dañadas, también fueron allí desplazadas.

El studio de las inscriptions medievales de Roda, que se puede consultar gratuitamente online en la revista in-Scription de estudios epigráficos de la Universidad de Poitiers, ha contado con la colaboración de la Asociación de los Amigos de la Catedral de Roda y el apoyo de la Dirección General de Patrimonio de Aragón y el obispado de Barbastro-Monzón, así como del Centro de Estudios Superiores de la Civilización Medieval en Poitiers y de la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales en París.

La noche negra de Erik el Belga

La noche del 6 al 7 de diciembre de 1979, la catedral de Roda de Isábena sufrió el zarpazo del élebre Erik el Belga, que la despojó de algunos de sus más preciados tesoros, como el tapiz ‘De la Virgen y San Vicente’, que por fortuna pudo ser recuperado y encontrado en el Museo de Huesca, o la Silla de San Ramón, que troceó para facilitar su venta. Algunas de sus piezas encajan en un desfile desconocido.