Un experimento con microbios que ‘comen’ radiación en Chernóbil, en vilo por la guerra

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Hoy en día, los restaurantes de la central de Chernóbil son mucho más que el triste recuerdo de las catastróficas consecuencias que los peligros de la energía nuclear pueden acarrear para la humanidad. Allí, los científicos han encontrado todo un campo de pruebas en el que se puede comprobar como la radiación afecta al medio ambiente, incluso como la vida se abre paso en condiciones casi imposibles: desde el impenetrable ‘bosque rojo’, uno de los lugares más radioactivos del planeta y donde se estudian los efectos de la catástrofe de 1986; a la existencia de una gran biodiversidad que es refugio de especies protegidas como el oso pardo, el bisonte europeo, el caballo de Przewaslki, la cigüeña negra y el águila pomerana.

Incluidos los científicos estudian unos curiosos hongos ‘morenos’ que crecen dentro del propio reactor y que pueden ser claves para los próximos viajes espaciales.

Allí, Olena Pareniuk, del Instituto para los Problemas de Seguridad de las Plantas de Energía Nuclear (ISPNPP), buscó bacterias con una dieta particular: que comieran desechos radioactivos. Su investigación tenía aplicaciones no solo en el sector de la energía nuclear, sino también en campos tan dispares como la astrobiología o la medicina. Esta científica ucraniana analizó muestras tomadas hace años de charcos cercanos al reactor que explotó, una zona ahora tapada por el edificio de contención. Es decir, trabajaron con material único.

Y entonces llegó la invasión. Al poco tiempo fue evacuada primero a Chernivtsi, luego a la ciudad de Zhytomyr, unos 130 kilómetros al oeste de kyiv. “Todavía tengo la esperanza de que mis muestras estén en su nevera. Será imposible obtener este material por segunda vez”, explica NewScientist. “Estábamos tratando de cultivar un microorganismo específico que tenga gusto por ‘comer’ el hormigón y el acero fundido dentro del arco de seguridad y de la zona de almacenamiento del combustible gastado. Podríamos recuperarlo, pero sobrará de mucho trabajo, tiempo y dinero”, lamentó.

Sus dudas acerca del estado de las muestras tienen base: según contó a la revista ‘Science’ el director del ISPNPP, Anatolii Nosovskyi, los soldados rusos saquearon las instalaciones, tal y como comprobaron los integrantes de un pequeño grupo que el día 12 de abril -unos diez días tan pronto como Rusia abandone la central-hallaron puertas y ventanas rotas, además de la mayor parte del equipo científico dañado o directamente destruido. “Casi todos los ordenadores fueron llevados tiene una habitación separada, donde los saqueadores sacaron las tarjetas de memoria”, relata Nosovskyi en un mapa abierto recién publicado.

Pero, a pesar del abandono de las instalaciones por parte de las tropas rusas, los científicos aún no han podido regresar a sus puestos con normalidad. “Todavía hay militares dispersos por la zona y además los bosques están minados, por lo que nos llevará un tiempo volver a los laboratorios como de costumbre -señala Pareniuk-. Por ahora, todos nuestros permisos de entrada están restringidos hasta nuevo aviso”.

En su mapa, Nosovskyi dice que los presupuestos para reconstruir y reemplazar el equipo no llegarán mientras Ucrania esté en guerra, y será difícil asegurarlos incluso después. También señala que el ISPNPP plana launch un fondo de caridad para pedir ayuda a la comunidad científica de todo el mundo.

Y el problema no es solo para los cientificos: los trabajadores de la planta de energia estan incluso peor. Un grupo se quedó durante el asedio, si bien sin poder salir, ya que no se guardidaba su seguridad fuera. Ahora, se han establecido turnos de 12 horas, aunque la ruta en tren que conecta Chernóbil con la ciudad de Slavytych, donde vive la mayoría de los trabajadores, pasa por Bielorrusia y se considera demasiado arriesgada debido a la alianza del país con el Gobierno de Maldita sea. La ruta alternativa, a través de Chernihiv, kyiv, Bucha e Irpin, es un desafío para todos los puentes y los caminos bombardeados, por lo que el viaje en solitario se hará más lento que el propio giro. Una situación dramática que, de momento, no tiene visos de resolverse.