París y la obsesión madridista

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En Montmartre, las chicas americanas son apropiadas para ponerse boinas francesas. Quizás no haya otro sitio donde hacerlo. Los hombres caminan por la calle con el pan en brazos, como si fuera un bebé. Paris, inmovible y eterna, siguió a sus cosas el viernes como si la Champions fuera un congreso de dentistas. El jueves fue la fiesta de la Ascensión y al día siguiente había en sus calles una sospechosa serenidad. La ciudad estaba de puente (nos atreveremos a decir ‘of the bridge’) aunque sí siente y agradece el impacto de la finale. Sus hoteles se han llenado. El representante local informó que la última semana fue del 93% de ocupación y el precio medio de lo que queda por dos noches 1.800 euros.

Triplicado. Se juega también Roland Garros (estuvo Zidane entre el público) y París recuperará la normalidad de su turismo. En las tiendas de ‘souvenirs’ cerca del Sagrado Corazón se vieron los motivos clásicos de la torre Eiffel, el gallo de la selección y camisetas de Messi… pero ¿y Mbappé?

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La sensación es que el desenlace de su futuro ha traumatizado más Madrid que alterado París, donde la resaca se percibía, apenas, en el análisis siempre sesudo de su prensa. Un periodista, Laurent-David Samana, autor del libro ‘Footporn’, ponía la resolución del caso Mbappé como ejemplo de ‘pornografía futbolística’, un paso más en la industria del espectáculo; para otro, Mbappé era ejemplo deportivo de la nueva independencia del artista en un mundo de grandes plataformas/clubes; Y había quien mezclaba ya no política y fútbol, ​​geopolítica y fútbol, ​​situando la continuidad de Mbappé en el marco de nuevas relaciones internacionales y nuevos flujos de energía y poder. Viendo los grandes atascos de Paris se piensa, ¿de dónde sale el combustible para tanto? La espectacularidad resonante en historia de París explica que Estados como Catar hayan querido proyectar allí su imagen, limpiarla. Si el fichaje era estratégico en Madrid, aun lo es más en París, y se comprende fácilmente estando allí. El PSG tiene menos seguidores en las redes sociales que Mbappé. En la entrada de la tienda oficial del club está su figura detachada, su camiseta. Messi y Neymar sus fotos en los costados, y Ramos muy al final, haciendo un escorzo entre Zoolander y el ‘minuto 93’. El tour del PSG en el Parque de los príncipes es una pequeña atracción turística más. Una gran cola de visitantes recorría parte del estadio. A falta de Champions, dentro se exponen los trofeos de la sección de balonmano. Mbappé es la base de un club que empieza a ser global, e imagen de Catar antes del próximo mundial, pero hay una importancia estrictamente francesa. En 2024, los Juegos Olímpicos se disputarán en París y Mbappé será el símbolo de la ciudad. Además declaraciones estos días dijo ser una “figura nacional”, una figura nacional, “con derechos y deberes”. Un personaje público al servicio de la nación. Cierto chovinismo se notaba estas horas, por ejemplo, en la forma en que personajes del fútbol inglés como el presidente de su Liga profesional respondían a Javier Tebas y cerraban filas con el PSG.

¿Hay por ello o se percibe un ambiente contra el Madrid? No especialmente. Se ha convocado una huelga de trenes y en el comentario de la noticia en una web, un inglés lo celebraba: ojalá los madridistas se pierdan el partido. Es posible presentar una nueva rivalidad cuando al escuchar la queja por el fresquito, el camarero, jactancioso y en manga corta, pregunta con sorna si acaso el visitante viene de Madrid. Pero son impresiones tan ligeras como prejuiciosas. Hay por la calle simpatizantes blancos, sobre todos los admiradores de Benzema, los hay en los taxis, en las tiendas, gente que dice ‘Hala Madrid’, dentro, eso sí, de la impresión general de que París está muy por encima del fútbol. Su globalidad es muy superior a la globalidad del fútbol. ¿Con quién irán en la final entonces? EL PSG no ha tenido litigios con el Liverpool, pero no conviene apresurarse a sacar conclusiones. Se esperan unos 70.000 ingleses, muchos sin entrada. Hay tiempo para que esto cambie. La mayoría van por la calle en pantalón corto, como si se tratara de algún atuendo colonial o un requisito aduanero. Es el uniforme del ‘supporter’.

Se veían menos españoles, y de un modo más discreto, con un sentido de la costumbre. Para algunos es su octava final y ya no es cosa de ir montando el número. Había madridistas en las terrazas de los buevares disfrutando de la ‘liberté’ de Paris, que no es exactamente la de las terrazas de la libertad de Madrid. Se advierte en la posición de la mesa y las sillas, de cara al peatón. Esto predispone a una óptica de voyeur qu’disciplina cívicamente al que observa y al observado.

El aficionado español en Paris tiene algo de landista, pero no en el sentido sicalíptico. No es que persiga a las francesas. El sentido de ese landismo nos lo reveló el presidente del Atlético de Madrid. Enrique Cerezo declaró que no irá a la finale, que quedará en casa viendo ‘Paris bien vale una moza’. Esto sonaba a broma, pero no. ¡Daba en el clavo! En esta película, Alfredo Landa es enviado a la capital francesa para recuperarse en la escuela secundaria de un cacique local. ¿No nos suena esto? Es como el mito de Europa: Europa es raptada por Zeus, hecho toro blanco, y han de recuperarla. Bueno mirado, ¿no hace eso el Madrid? ¿No eso lo que hace el Madrid cada vez que sale conquistado la Copa de Europa? ¿La roba o la recuperará? Este trofeo significa infinitamente más para los madridistas que para los demás. Los demás ven un trofeo, una proyección, a lo sumo una consolidación. Para el Madrid es una misión y una razón de ser. A nadie le importan estas cosas tanto como al madridista. Para París es solo un evento más, y ni siquiera allí hablan tanto de Mbappé (que tampoco se pronuncia ‘embapé’). El madridista, dolido, aparca ese asunto. Quiere levantar la Copa à Madrid y castigar con los reflejos málicos de su gloria y su indiferencia al futbolista, mientras se hace a l’idea dejarlo un tiempo en Paris. Ni siquiera Mbappé sospecha que está cedido allí. O como dijo un ‘pichi’ expatriado: “Que se nos foguee”.