Lafontaine, el icono de la extrema izquierda alemana leal a Rusia

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Oskar Lafontaine tiene 79 años y una presbicia acentuada, pero se niega a ponerse las gafas que le recetan el oculista y dice entre risas que ve muy bien, “especialmente del ojo izquierdo”. Acaba de adelantar por la izquierda al partido Die Linke (La Izquierda), que él mismo fundó después de dar un portazo en el Partido Socialdemócrata y desencadar una escisión de la que todavía no se ha recuperado la izquierda alemana. Abandone el partido que el mismo creó porque le resulta demasiado conservador notado allí así que los extremos son inagotables en su fuerza centrífuga. Rara vez tocar techo.

Lafontaine nació en 1943 y su infancia transcurrió en los años más duros de la posguerra. pronto destaco

como orador y como estratega política. Desde la alcaldía de Saarbrücken, zona minera e industrial, saltó al liderazgo de la política regional como presidente del Sarre e incluso llegó a ser candidato en las elecciones generales de 1990 por el Partido Socialdemócrata. En ese momento, las juntas electorales de Lafontaine eran un derroche de lucha obrera y colmillo, haciendo una oposición desgarrada que, sin embargo, chocaba contra la pared electoral de Helmut Kohl. Aún así siguieron siendo reconocidos como un imprescindible en su partido, con muchísima influencia, y Gerhard Schröder se lo metió en el bolsillo para aunar a los socialdemócratas detrás de su propia cancillería a cambio de ofrecer el Ministerio de Finanzas. Pero Lafontaine completó el renegado de la Agenda 2010, la nueva legislación implementada en el año 2000 para comenzar a desmantelar el estado de bienestar.

Abandonó el gobierno y el partido, llevándose una buena porción de militantes, y fundó Die Linke, asociado con los excomunistas de la GDR recién reciclados a la democracia. Instalado en la extrema izquierda, adoptó un discurso identitario en la campaña de 2005, pidió controlar la inmigración y se instaló personalmente en una lujosa casa de campo con amplias balconadas que da una parcela de 25.000 metros cuadrados, casi cuatro campos de fútbol, ​​en Oberlimberg. Pronto su mansión se ganó el socarrón apodo de “palacio de la justicia social”.

Se jubiló a los 60 años y recibe una pensión de 8.500 euros al mes, además de sus ingresos relacionados con la actividad política. Sigue siendo un icono, un Rolling Stone del comunismo, y su agenda social seguía siendo muy apretada, al menos hasta el inicio de la pandemia, con numerosas veladas en los mjores restaurants de la cuenca del Ruhr. Pero en este punto de su vida ha decidido romper con su partido, al que considera aburguesado.

Lafontaine reprochó a la directiva de Die Linke haber adoptado una línea “afín a Los Verdes” y tendiente a la “inseguridad social”, pero sobre todo lo irritó porque la dirección haya condenado públicamente la invasión rusa de Ucrania y exigió que el presidente Vladimir Putin se retire. las tropas de su país. No apoya la decisión del canciller Scholz de incrementar el gasto en defensa y modernizar el ejército alemán y desea distanciar a una Alemania que unánimemente condena la guerra de Putin. No ha dejado claro si piensa fundar otro partido todavía más a la izquierda.