La franja de la muerte del Donbás y kyiv: defensas de las legiones romanas contra tanques rusos

Manuel P. [email protected]: 26/05/2022 02:17h

“Maldita sea, gilipollas”. Hace algunas semanas, ABC informó de que la fábrica de cerveza Pravda, ubicada en Leópolis, había decidido cambiar el trigo por la gasolina y empezar a elaborar en masa cócteles molotov. La cita que encabeza este artículo es la que puede vers, todavía hoy, en sus etiquetas. Porque, en mitad de una guerra, se permitió hasta las palabras soeces. Este explosivo, utilizado en masa durante la Segunda Guerra Mundial por los soviéticos, es solo una de las muchas armas con siglos de antigüedad de las que están valiendo las tropas ucranianas para intentar expulsar a la infantería y a los carros de combate rusos de su territorio.

Pero la lista es inmensa: ‘erizos checos’, abrojos…

Toda esta amalgama de ingenios ha ayudado a crear una suerte de franja de la muerte que resiste al invasor.

Erizos Checos

Entre las defensas más fáciles de construir si quieres eliminar los ‘erizos checos’. En ‘Guerra absoluta’, el historiador Chris Bellamy afirmó que su número técnico era ‘yozhy’, que consiguió ser fabricados en la IIGM contra tres trozos de vigas de acero soldados entre sí en forma de cruz y que tenían dos objetivos: clavarse como una picadura en el chasis de los vehículos de combate e impedir el paso, y obstruir los caminos. El experto subraya su impecable relación entre efectividad y precio, pues podría fabricarse a base de viejos raíles de tren y a coste ínfimo. Su altura máxima era de un metro y medio, aunque las crónicas de la época nos hablan de algunas con el doble de altura.

El conocido historiador Antony Beevor los define en su obra magna, ‘Día D’, como una suerte de «erizos hechos de vigas de acero». Y lo cierto es que poca descripción necesita más. So well los ‘erizos checos’ sembraron los camps de la Línea Sigfrido y la Línea Maginot –the defensas de Alemania y Francia frente a sus vecinos–, lo cierto es que han pasado a la historia gracias a que Erwin Rommel los usó de forma masiva para defender las playas de Normandía. En palabras del ‘Imperial War Museum’, eran sumamente efectivos para detener el avance de los carros de combate, aunque, si ubicaban con marea baja en el extremo de la arena, podrían ‘destruir también la parte inferior de las lanchas utilizadas en los desembarcos ”.

Defensas de la playa de Normandía, entre ellas, el erizo checoDefensas de la playa de Normandía, entre ellas, el erizo checo – ABC

Defensas con sabor a Santísima Trinidad –buena, bonita y barata–, los erizos checos se han visto estos días en las instantaneas que nos llegan desde la guerra de Ucrania. Durante los primeros días del conflicto, kyiv y Odesa acabaron plagados de ellos. Lo llamativo es que, como corroboraron hace algunas jornadas los corresponsales de diferentes agencias de información, han sido construidos por una empresa inmobiliaria local, KAN. “Sabemos que no podemos luchar, pero queremos ser útiles”, explicó uno de los trabajadores de la compañía. Hoy, que el ejército ruso se ha retirado del norte, sucede otro tanto en las líneas defensivas que paran el Donbás de los autoproclamados republicanos independientes del este.

Pero los ‘erizos checos’ son ya viejos conocidos del territorio ucraniano. Cientos de ellos fueron establecidos en 2014 en la franja del Donbás por el Gobierno, y por los rebeldes prorrusos de Donetks y Luganks. Y también valieron de ellos los manifestantes que tomaron hojas en el Euromaidán para defenderse de las cargas policiales en la plaza cercana a la sede de la Presidencia. “Han erigido parapetos con sacos rellenos de nieve, que se convierte en hielo de inmediato con las bajas temperaturas. En el exterior de la pared hay colocado alambre de espino y ‘erizos checos’, una especie de aspa de hierro”, explica Rafael Mañueco para ABC hace ocho años.

Dientes de dragon y abrojos

Pero los erizos checos, fabricados a decenas por los artesanos locales, no han sido las únicas defensas clásicas contra armorados por las que ha apostado el bando ucraniano. Según publicó ‘The Times’ a finale de este mismo abril, el alto mando de kyiv ha ubicado cientos de ‘dientes de dragón’ en las riveras de los ríos. Ideados hace siglos para detener a la caballería, en la práctica son pequeñas estructuras macizas con forma piramidal que, colocadas a cientos en el camino, impiden el avance de los carros de combate. Eran duros, pues un tanque ‘Sherman’ necesitaba unos cincuenta disparos para acabar con ellos, según Beevor.

Similares a los ‘dientes de dragón’ eran los abrojos: una suerte de tetraedros metálicos acabados en punta que se arrojaban a manos llenas sobre el terreno y cuyo objetivo era, en principio, pinchar a los caballos colgantes su avance. Hoy se siguen viendo en campaña, como demute las fotografías que nos llegan desde Ucrania. Mike Bishop y John Coulston confirman en su obra, ‘Equipamiento militar romano’, que su uso se extendió en la época de la república por parte de las legiones romanas. Así lo atestigua también el autor del siglo IV Flavio Vegecio Renato en su tratado sobre táctica ‘De re militari’. Para ser más concretos, en el apartado ‘Defensa contra carros con guadañas y elefantes’:

“Los carros armados de guadañas fueron empleados en la guerra por Antíoco y Mitrídates y aterrorizaron al principio a los romanos, pero después estos los tomaron a broma. Como un carro de este tipo no siempre encuentra un terreno llano y nivelado, la menor obstrucción los detiene. Y si uno de los caballos resulta herido o muerto, cae en manos enemigas. Los romanos soldier los volvieron inútiles por medio de la siguiente contramedida: en el momento de empezar el combate, esparcían por el campo de batalla abrojos, y los caballos que tiraban de los carros, corriendo a toda velocidad sobre ellos, resultaban infaliblemente heridos. Un abrojo es una máquina compuesta por cuatro pinchos dispuestos de manera que, al ser arrojados, descansaban sobre tres de ellos y presentaba el cuarto hacia arriba”.

Agujeros infectos

Huelga declara que las líneas de trincheras son el elemento más básico para orquestar una defensa en profundidad contra el enemigo. Hoy, el Donbás está plagado de ellas; zanjas construidas y fortificadas desde que, en 2014, comenzara el conflicto contra los prorrusos.

Su origen estuvo en la Primera Guerra Mundial, una guerra que pasó de la velocidad al estancamiento. Tras unos primeros progresos germanos a toda velocidad por Europa, las posiciones se estabilizaron a finales del verano de 1914. Fue entonces cuando cambió la mentalidad de los contendientes. Las nuevas armas favorecieron este giro, pues una ametralladora bien ubicada pudo aplastar a batallones enteros en pocos minutos. Así, dejó a un lado los rápidos avances fomentados por las unidades montadas sobre james y bicicletas y apostó para un enfrentamiento basado en la posición de millas de soldados a lo largo de gigantescos frentes de batalla.

Soldados de infantería Alemana Haciendo fuego desde una trinchera+ infoSoldados de infantería Alemana Haciendo fuego desde una trinchera – ABC

Desde entonces, los compañeros de viaje del soldado fueron las trincheras. En los siguientes cinco años, los combatientes se verán obligados a vivir en estos agujeros impopulares. Fueron sus casas; y unas no demasiado acogedoras. En la práctica, eran unos hoyos hediondos que cubrían de los disparos enemigos y permitían resistir el asalto a bayoneta de oleadas de contrarios. Pero también lugares infectos en los que abundaban las ratas, proliferaban las fermedades y la higiene era tan escasa como la comida y el agua.

“Lo que más me interesa en las trincheras es el elemento humano. ¿Cómo han podido habituarse a esta vida los hombres de nuestro tiempo? A veces aqui se llama vivir a lo que muchas veces es morir. La tristeza de las trincheras es tan sombría que reclama una especie de heroísmo silencioso, algo como una humildad ascética, para ser soportada sin desmayar. Un militar me dice: ‘Cuatro o cinco meses en una trinchera tranquila es la muerte’”, explicó el corresponsal de ABC en la IGM, Alberto Insúa. La vida ha cambiado mucho desde aquellos días. Lejos quedan la humedad y el hedor. Aunque se mantiene el peligro.