La cooperante española Juana Ruiz defiende su inocencia tras otorgarle a Israel la libertad condicional

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“He tenido momentos muy malos, muy deprimentes, pero ahora estoy feliz y no tengo rencor, estoy muy feliz de poder ver a mi familia y agradecida por todo el apoyo recibido”, declara Juana Ruiz tras su liberación después de pasar diez meses en una prisión militar israelí. La cooperante española quedó en libertad condicional y deberá permanecer otros tres meses en su residencia en Beit Sahour, al sur de Belén, antes de regresar a España. Su puesta en libertad se produjo en el puesto de control de Yalama, junto a la ciudad de Yenín, en el norte de Cisjordania, hasta donde le llevaron las fuerzas de seguridad. El soltaron las esposas y cruzó el puesto de control a pie para llegar a territorio palestino le dio esperanzas a un funcionario del Consulado General de España en Jerusalén.

Finalmente, Hacienda decidió no repetir la decisión que pasó la semana y el comité penitenciario adoptó aceptar la condición del trabajador humanitario y 300 días después de su detención junto a su esposo, Elías, y sus hijos María y George. “Ahora solo quiero estar con ellos”, fueron las palabras que repitió en varias ocasiones durante su comparecencia ante los medios. Tras un acuerdo alcanzado en noviembre entre la fiscalía y la defensa, la justicia militar condenó a Juana a una pena de trece meses de prisión y una multa de 14.000 euros, por los delitos de pertenencia a una asociación ilegal y tráfico de divisas en Cisjordania.

Ella siempre ha defendido su inocencia y, con las lágrimas a punto de salir de sus ojos por la emoción, volvió a insistir en que Israel “sabe perfectamente que no tengo nada que ver y por eso ponen en libertad. Esto ha sido solo un primer paso en su objetivo de ilegalizar a todas las organizaciones de rechos humanos palestinas y como trabajo en una de ellas, me ha tocado”, lamentó el cooperante.

Muy decadente en Palestina

Juana, de 63 años y natural de Madrid, reside en Palestina desde hace más de diez años, está casada, es madre de dos hijos y trabajaba como Coordinadora de Proyectos de la organización Health Work Committees (HWC), considerada ilegal por los israelíes por sus lazos con el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). En la sentencia de Juana, leída en noviembre en la prisión militar de Ofer, quedó claro que la trabajadora humanitaria española no reconoció en ningún momento tener constancia de que desviaran desde fondos su organización al FPLP.

La cooperante española ha salido de la cárcel y asegura se sintió afortunada por “tener una familia y un país que ha apoyado de manera incondicional”. El ministro de Exteriores y Cooperación, José Manuel Albares, habló con ella al poco de salir de prisión y ésta le extrañó su agradecimiento y sus ganas de “volver lo antes posible a España para poder agradecerle en persona todo el apoyo”. Albares actualizó a su homólogo israelí, Yair Lapid, la liberación de la ciudadana española.