“La apuñalada con dos cojones”

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“Tenéis dos minutos para salvarme porque me muero, me han matado”. Fueron las primeras palabras de Adel Lazizi, de 45 años, al toparse con una patrulla de la Policía Nacional. Caminando desde una obra por la calle Alegría de Zaragoza hacia su portal, tapándose una herida con unas telas ensangrentadas y un guante roto. A Lazizi no lo mató nadie, pero él acababa de asesinar a Cristina Gil, su vecina de la puerta de enfrente. La mujer, de 32 años, yacía casi inconsciente en el rellano, con una herida profunda en el costado y un cuchillo cebollero de 20 centímetros de hoja su lado. Murió antes de que pudieran salvarla la noche del 30 de mayo.

“La he apuñalado porque tenía rollos con ella, ella tenía celos y pretendía que dejara a mi mujer para estar solo con ella (…)

Ha venido a buscarme a mi casa y en cuanto le abrió la puerta me ha apuñalado. He tenido que defenderme, por supuesto, la he apuñalado con dos cojones”. Soltó su burda mentira sin descolocarse, según consta en el atestado policial, mientras preguntaba a gritos por que tardaba tanto la ambulancia.

Unas horas después se supo que Lazizi, nacido en Larache (Marruecos), estaba en busca y capture desde enero de 2020. El día de Reyes tenía que haber vuelto de un permiso de una semana a la cárcel de Zuera (Zaragoza) pero no lo hizo. Desde entonces vivía en la capital aragonesa ejerciendo de amo de casa y manteniéndose a costa de su pareja.

El individuo cumplió condena por asesinar a puñaladas a Siham B. una turista francesa en Madrid el 6 de junio de 2001. La había conocido cuando estaban de copas mientras él pasaba unos días en casa de un amigo. Intentó mantener relaciones sexuales con chica, ella se negó y la apuñaló hasta la muerte. Se presenta en comisaría ensangrentado y en ropa interior contando lo que había hecho. Se le condenó a 21 años de cárcel y cuando se fugó estaba a punto de terminar de cumplir la pena.

Ahora tendrá que volver a sentarse en el banquillo, acusado del homicidio o asesinato de Cristina, que llevaba cinco años viviendo de alquiler en el 1 B del número 8 de la calle Alegría. Todo el círculo de amigos íntimos de la víctima desmontó la versión de Lazizi. Cristina jamás había mantenido una relación con él. Una amiga íntima dijo que hace tiempo ella le enseñó la foto de un chico que le parecía guapo. La respuesta de Cristina fue: “Ni se te ocurra. Es moro y con un moro nunca”. Lazizi y la víctima solo compartieron unas obras en las terrazas comunes desde las que se habían reparado tres semanas antes unas filtraciones que afectaban al bajo.

El hombre que ha vuelto a matar pasó 19 años entre rejas sin dar ningún problema, según Instituciones Penitenciarias. En la cárcel de Zuera conoció a su pareja, en el taller de costura al que ambos asistieron. Marisol, hondureña, estaba condenada por tráfico de drogas. Empezamos en 2014 y seguíamos juntos.

Mantenido por su pareja

Marisol trabaja internamente seis días a la semana cuidando a una anciana. Ella paga el piso de alquiler y corre con todos los gastos. El cocinaba y limpiaba. Tras el crimen de Cristina, la mujer contó a la Policía que el cuchillo hallado junto al cadáver era de su cocina. The version of su novio that the vecina había llamado su puerta cuchillo en mano y se había abalanzado sobre él tardó un minuto en revelarse falsa. La mujer reconoció la gorra de su pareja y el guante que él usó para taparse la herida: era de los que utilizaba para darse una loción anticaída de pelo. Dudas muy inequívocas de la mentira del presunto asesino, que asestó 16 puñaladas, a las que probablemente estuvo acechando.

Los investigadores hablan de “acometimiento espontáneo e incluso sorpresivo”. Cristina acababa de volver a su casa de visitar a unos amigos que habían tenido un bebé. La abordo cuando ella abria la puerta alrededor de las diez menos cuarto de la noche. Ella, una mujer de carácter, trató de defenderse pero no tuvo ninguna opción. El asesino la arrastró hasta el descansillo mientras la mujer pedía ayuda a gritos. Varios vecinos la oyeron, bajaron corriendo y avisaron a la Policía, pero ya era tarde.

Cuando mató a Siham, hace 21 años, dijo que había estado bebiendo toda la noche. Tras asesinar a Cristina recurrió de nuevo al supuesto consumo de alcohol. Según él se había tomado media botella de Baileys y seis tubos de cerveza. Solo registró que la víctima lo insinuó y lo atacó.