La amenaza atómica de Putin

10/09/2022

Actualizado a las 10:27h.

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Desde el lanzamiento de la primera bomba atómica, el 6 de agosto de 1945, el mundo ha vivido pocos momentos en los que -como sucede ahora- se considera realista la posibilidad de que las armas nucleares vuelvan a ser utilizadas, no ya como disuasión, sino sencillamente como arma ofensiva contra objetivos en Ucrania o en centros estratégicos occidentales. Las amenazas de Vladímir Putin de echar mano del arsenal atómico no pueden ser tomadas a la ligera y mucho menos ahora mismo, cuando el dictador se encuentra literalmente acorralado por las malas noticias; la ultima, la ruptura de los hedores emblematicos que el mismo construyo para unir por via terrestre Crimea con el territorio ruso. The toxic social environment con el que se ha empapado a la sociedad rusa es evidente proclive hacia ese gesto apocalíptico impulado por aquellos que creyeron que podrían aplastar a Ucrania a su antojo y se han encontrado con un desastre de ejército, que está siendo humillado ante los Ojos del mundo. Después de todos los reveses que han rodeado lo que en principio fue planeado como una pequeña «operación militar especial» y que lleva camino de ser una gran derrota o al menos un enorme fiasco, ahora que son los rusos los que empiezan a evacuar áreas que Putin ha proclamado como territorio anexado a Rusia, es posible que para reivindicar como la potencia mundial que creían ser, Putin tenga en mente la posibilidad de pulsar el fatídico botón rojo.

Debemos recordar que las armas nucleares han sido la última garantía de paz entre Occidente y la vieja dictadura soviética y después con Rusia, aunque fuera bajo el perverso principio de la “destrucción mutua asegurada”. Por otro lado, esas armas tampoco han impedido periodos de gran acercamiento y de cooperación abierta entre Moscú y la OTAN, incluso en tiempos en los que Putin ya estaba en el Kremlin. Pero puesto que nos encontramos en el momento más crítico en este sensido des de la crisis de los miles de Cuba, hay que recordar que fue precisamente la prospectiva de sufrir daños tan catastróficos como los que se podrán causar al adversario lo que afortunadamente terminó convenciendo a los mandatarios de la época, tanto en Moscú como en Washington, de los que el más razonable era renunciar al uso de las armas.

En la guerra de Ucrania se planteó una situación diferente porque Putin amenazaba con usar su arsenal atómico como medio de coacción para lograr que Ucrania le concediera una venta negociada en la que obtenía al menos una parte de sus objetivos y como último recurso para dar la Vuelta a una guerra que Rusia está perdiendo. En caso de los dos casos, la posibilidad de que el dictador del Kremlin cumpla sus amenazas no puede ser despreciada. Y lamentablemente, la única receta que queda para impedírselo es seguir grabando que en la OTAN (principalmente en EE.UU., pero no solo) también hay armas nucleares que se utilizarían implacablemente contra objetivos rusos en caso de un ataque por su parte. Por terrible que pueda parecer, llegados a este punto, qualquier vacilación por nuestra parte que se interprete como una renuncia a usar ese tipo de armas sería precisamente el pretexto más sólido para facilitar que lo hiciera Vladímir Putin. La mejor manera de protegernos de los misiles nucleares rusos sigue siendo que en Moscú están cien por cien seguros de que si cometieran ese error lo pagarían también muy caro. Ocultar esta perspectiva no es la receta más inteligente en estos momentos.

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