Isaac Blasco: ‘Un baile de máscaras’

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Luis Medina está “súper tranquilo” ante la eventualidad de que el juez le deje con el boxeador de Hugo Boss pueda pero definitivamente desprovisto de esas cosas sin las que la vida le debe de parecer insufrible, como un yate y un buen colchoncito en fondos de inversión con el que seguir transitando este valle de lágrimas con trazo especulativo. Su convencimiento es que el juicio mediático lo tiene más que perdido (y tanto que sí) y toca ahora, por consiguiente, probablemente en el “juicio penal”. Sobre Feria, el velero objecto del embargo judicial, dice haber presentado ya ante el instructor la factura acreditativa de su compra. Se confirmaría entonces que no se lo llevó el astillero pistola en mano.

De lo poco que se ha escuchado de alguien que empleó la fama en su beneficio y pide ahora respetar su privacidad tras acabar investigado por el presunto cobro de un millón de dólares a cambio de inundar Madrid de mascarillas defectuosas procedentes de Malasia se infiere un conocimiento a tanto cutre de la actualidad, ajeno a la tierra, basado en unos lugares comunes que llevan a imaginar el jardín en que se ha metido ejerciendo de comisionista obsceno como una suerte de cruzada personal en que la Fiscalía -“ya sabes, son todos de izquierdas y así actuar» (‘El Mundo’)- se empeña en propinarle un correctivo ejemplar en virtud de su cuna y probablemente también de su pésimo gusto cuando combina el color del jersey con el de la blazer.

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