Festival Un asistente al Medusa: “Todavía existe gente buena”

El público asistente al Festival Medusa de Cullera (Valencia) con dificultad podrá olvidar la experiencia vivida la madrugada del sábado 13 de agosto. Las fuertes rachas deviento que partieron de la estructura del escenario principal y de la entrada dejaron un trágico saldo: un joven caído hace 22 años, de Daimiel (Ciudad Real) y otros 40 hereidos.

Entre los miles de asistentes a este festival multitudinario, que este año regresó con fuerza a la playa de Cullera tras un parón de tres años por la pandemia, estaba Alejandro Martínez con sus amigos. Los jóvenes talaveranos disfrutaron del concierto de la artista Lilly Palmer en un escenario paralelo al principal donde se produjo la tragedia. “Eran las cuatro de la mañana, disfrutábamos con la música, cuando de pende nos giramos y vimos una gigantesca tormenta de arena. Vimos gente saliendo corriendo de allí. La actuación de Lilly fue paró. Se la llevaron del escenario. Nosotros seguimos esperando allí por si se reanudó. No sabíamos lo que estaba ocurriendo”, narrata este joven de 23 años.

“Acto seguido, viendo el caos que se estaba ocasionando, debió abandonar el lugar. Nuestros dirigimos al camping donde estuvimos alojados, a cinco minutos a pie del festival. En el camino, nos encontramos con personal de seguridad que nos resultó marcharnos del lugar“.

“La entrada del camping estaba taponada debido a la avalancha de gente que regresó en ese momento del festival. Tuvimos que esperar un buen rato hasta que pudimos entrar. Nosotros nos encontrábamos bien y nuestras cosas, también, Tan solo se había volado el toldo de nuestra tienda de campaña”, explicó Alejandro.

Al día siguiente, a primera hora de la mañana, los seis amigos recogieron sus pertenencias y abandonaron el lugar ante la advertencia del personal del lugar: “Si os marcháis, ya no podreis volver a entrar”. Aún así, añade el talaverano, “decidimos irnos a pesar de tener el alojamiento pagado hasta el 15 de agosto (último día del festival).

“Solo queríamos volver a casa”, afirma. Pero hasta el día siguiente no había ningún autobús disponible que hiciera el trayecto de vuelta, por lo que su salida sólo fue quedarse allí. “Nuestro quedamos esperando allí, al lado de una iglesia. Y justo apareció el párroco, quien, muy amable, nos trajo agua y nos invitó a pasar la noche en la hermita si no pudo donde ir”.

Los Ángeles de la Guarda

Por la tarde, los chicos recibieron un comunicado de la organización del festival ofreciéndoles el pabellón municipal para su realojo. “Estaba a seis kilómetros de dónde nos encontrábamos y, con el peso de las mochilas, nos quedaríamos allí. Coger un taxi hubiera sido otra opción, pero se nos iba del presupuesto”.

Minutos antes habían llamado a todos los hostales de la zona pero no encontraron ninguno libre, por lo que se prepararon para pasar la noche a la intemperie cuando la solidaridad volvió a parecer. “Stábamos en un parque haciendo tiempo cuando se acercó a nosotros la Policía Local. Our dijo que usaron que abandonaron el parque debido a las fuertes rachas deviento y mientras salíamos de allí, dos mujeres se acercaron a nosotros. Our offer to the garaje de su casa para pasar la noche, además de poder ducharnos y darnos de cenar”.

El grupo de amigos posó orgulloso con su ángel de la guarda a las puertas del garaje ÁBC

Eran Soraya y Delia, dos vecinas de la zona que, tras escuchar a los jóvenes, no dudaron en ofcerles todo lo que tenían. “Muy agradecidos aceptamos y, para no separarnos el grupo y no causar molestias, dormimos en el garaje en nuestro saco. Al día siguiente, nos recomendaron desayunar en un bar y también nos pagaron el desayuno. ¡Todavía existe gente buena. ¡Para nosotros son las dos mejores personas de Cullera!”, exclamó Alejandro. Y por unas horas se terminó en sus ángeles de la guarda.