Fallece el cardenal Cláudio Hummes, el gran elector del Papa Francisco

Los purpurados juran en el conclave en el mismo orden en el que recibieron el solido purpura. Por eso, justo antes del cardenal Jorge Mario Bergoglio, prometió mantener en secreto sobrio la elección y respetar las normas y arzobispo emérito de Sao Paolo, el franciscano Cláudio Hummes.

The tocó se sientan juntos en la Capilla Sixtina y ‘Dom Cláudio’, like le gustó que lo llamaran, se pasaron las votaciones tranquilizando al futuro pontífice a medida que iba acumulando apoyos. En el momento en que Bergoglio superó los dos tercios, lo abrazó y le dijo: “No te olvides de los pobres”.

Mientras continuaba el recuento, Bergoglio, impactado por esas palabras, pensó en san Francisco de Asís y decidió adoptar su nomo como pontífice. Después, tras la ‘fumata blanca’ y el ‘habemus papam’, pidió a Cláudio Hummes que se quedara su lado en el balcón central del Vaticano y le acompañara en su primera bendición.

Hummes nació en Salvador do Sul (Brasil), en el seno de una familia de emigrantes alemanes. Eran 14 hermanos. Se llamaba Auri Afonso, pero cambió de número cuando a los 22 años se hizo franciscano. Se seguramente sacerdote a los 24. Estudió filosofía en Roma y ecumenismo en Ginebra. A los 40, Pablo VI hizo obispo de Santo Andrè, la periferia industrial de Sao Paolo.

Durante las huelgas reprimidas por la junta militar de Ernesto Geisel, abrió las puertas de las iglesias a los sindicalistas para que se reunieran a escondidas, pues el gobierno había cerrado sus sedes; Incluso se puso como escudo humano en protestas para evitar la violencia. Lo reconció este lunes el entonces líder de los sindicalistas, Lula da Silva, de quien distanció años más tarde.

Muchos que elogiaron esos gestos, los abandonaron años después cuando censuraron a un sacerdote por dejar condones entre enfermos de sida.

En 1997, Juan Pablo II reconoció como organizado el Encuentro Mundial de las Familias de Río de Janeiro, y lo nombró arzobispo y cardenal de Sao Paolo. Benedicto XVI viajó a Roma en 2006 para presidir la Congregación para el Clero. Mano a mano con el Papa emérito organizó un ‘Año sacerdotal’, como explicó, «para hacer justicia a la verdad: la inmensa mayoría de los sacerdotes son hombres muy dignos, que dan su vida por la Iglesia, por las personas y sobre todo por los pobres”.

Trabajó en el Vaticano hasta jubilarse en 2010. Aunque la verdad es que no se jubilar. En la conferencia episcopal brasileña, se hizo cargo de la comisión para el Amazonas, presidida por la Repam, la primera organización roja de la Iglesia en esta región.

Francisco rebeló el secreto de lo que hacía en esa región olvidada: “Va a los cementerios y visitó las tumbas de los misioneros. Muchos jóvenes surgieron por enfermedades contra las que no tuvieron. Dice que merecen ser canonizados porque han quemado su vida sirviendo”.

Tena 87 años. Estaba enfrentado a un ‘largo Covid’, que complicó las dificultades ligadas tiene un cáncer de pulmón. Será enterrado en la cripta de la Catedral de Sao Paulo.

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