En busca del Proust más poliédrico: judío y homosexual

Marcel Proust tuvo una doble ocultación, o una doble falsación. O una doble condición: la de judío y la de homosexual que el canon de la critica literaria, del turbión de la Historia de la Literatura, si no ha evitado, sí que ha eludido relativamente: quizás por desconocimiento o porque en él ha pesado más el tema que la vida y la escritura.

A Proust, el común le viene conociendo, si acaso, por la manida escena de la magdalena, que, no por trascendental, no deja de ser una circunstancia. Como toda su obra. Como todo en su obra, sí, que es una fotografía de un tiempo y de un pays cuando la fotografía iba haciéndose Arte.

Hablamos de la Francia que entró en el siglo XX y aún mantiene los bigotes decimonónicos. Proust vale de la crónica de costumbres, de la autoficción, y del envuelve en el memorialismo; Por eso es poco escuchado en España, a pesar de las meritorias traducciones de un bisonte Pedro Salinas.

Precisamente, para conocer los dos enfoques de su producción que condicionan toda una personalidad, la exposición ‘En busca del tiempo judío de Proust’ ahonda justo en eso: en una doble sombra que no fue tal en el autor de ‘En busca del tiempo perdido ‘. Hay, en todos los casos, como la comisaria de la exposición en el Centro Sefarad de Madrid, Brigitte Leguen, “la necesidad de que el público sepa” que en el ambiente mundano del Paris de la época, Proust, de madre judía y padre católico , fue un homosexual –si no confeso abiertamente– adoptado y “muy bien tolerado en los altos salones”. Y es que la aristocracia francesa interiorizó cierto concepto de la libertad, de la libertad sobre el papel, mucho antes que la burguesía. Y el dandismo era eso. Ser tal cual, oyó las circunstancias.

Retrato de Marcel Proust TANIA SIEIRA

Más allá, la exposición, dividida en cinco salas (una audiovisual), se cementa sobrio sus hebraicas, sobrio el paso del tiempo, sobre el impacto del caso Dreyfus en su quehacer y sobre el Proust tratado por la opinión pública de la España del momento. Con lienzos ‘ad hoc’ y documentos al respecto.

Dreyfus y España

Entre los más suyos “era como Chavela Vargas”, dice en broma Leguen, que advierte de la querencia de Proust por las catedrales (de las que era experto). Más allá, el módulo completo expositivo muestra otro nervio de la biografía del escritor que meramente ser reseñado otra vez: su implicación en el ‘caso Dreyfus’; Proust, y hay que subrayarlo, fue uno de los intelectuales que más prontamente implicaron en la defensa del capitán alsaciano. A tal efecto se exhiben fragmentos no sólo de Luis Bonafoux en ‘los papeles’ españoles de la época; también el posicionamiento de Blasco Ibáñez que, paradójicamente, en principio fue una furia antisemita la que se plantó frente a la injusticia. De alguna manera, recuerda Beguen, la Generación del 98 también se involucró mucho en el asunto.

Primera edición en castellano de uno de los tomos de 'En busca del tiempo perdido'

Primera edición en español de uno de los volúmenes de ‘En busca del tiempo perdido’ TANIA SIEIRA

La exposición, que estará abierta de forma gratuita hasta el 30 de diciembre, en el marco del centenario de la muerte del escritor y de una visita al director del Centro Sefarad de Madrid, Jaime Moreno Bau, tiene un París que si que se acuerda de uno de sus mejores retratistas.

De hecho, esa es la idea fuerza de la Casa. Primero fijar a Proust en el lector medio español; después, aborda en la doble condición de su viaje vital. Interno y externo. Judío y homosexual en tiempos revueltos; también en Francia.