el megalodon fue el mayor depredador de todos los tiempos

07/02/2022

Actualizado a las 04:32h.

Si hay animales que pueden presumir de ‘antiguos’ sobre la faz de la Tierra, esos son los tiburones. Llevan, de hecho, hace más de 400 millones de años patrullando los océanos de nuestro planeta, en el que viven desde mucho antes de que surgieran los primeros dinosaurios. Han sobrevivido a una variedad de extinciones masivas y aun en la actualidad prosperan en nuestros estanques. Hay que sopesar que hay muchas especies diferentes, los tiburones, en esencia, apenas han cambiado en todo este tiempo. If our cruzáramos con un ejemplar, digamos que de hace 300 millones de años, no tendremos ningún problema en reconocerlo, ya que los tiburones actuales aún conservan la mayor parte de sus características originales. Algo que no puede decir la inmensa mayoría del resto de los seres vivientes.

Pero entre todos los tiburones que alguna vez han existido, sin duda hay uno que llama poderosamente nuestra atención. Se trata del megalodón, el pez más grande conocido por la ciencia y el mayor depredador que nunca haya existido en nuestro planeta.

Present in our oceans hasta hace unos tres millones de años, su tamaño exacto es una cuestión que aún está sujeta a debate, aunque hay buenas razones para pensar que el megalodón pudo haber llegado a mediir entre 15 y 18 metros de largo, más de tres veces que los tiburones blancos actuales. Sus mandíbulas se abrían de tal forma que un ser humano habría cabido de pie sin problema en su enorme boca abierta.

En lo alto del candado trófica

Y ahora, de la mano de un equipo de paleontólogos de la Universidad de Princeton, llegan nuevos datos sobre este auténtico rey de los mares. El megalodón no tenía rival, y comía lo que quería, incluidos otros depredadores marinos y otros megalodones. Los resultados de este estudio, publicados en ‘Science Advances’, indican que este antiguo tiburón fue un depredador que no tiene comparación en toda la historia de la Tierra.

“Estamos acostumbrados a pensar en las especies más grandes (ballenas azules, tiburones ballena, elefantes y diplodocus) como filtros o herbívoros, no como depredadores – dice la geocientífica Emma Kast, de la Universidad de Cambridge y primera firmante del artículo. Pero el megalodon y otros mega dentados tiburones eran carnívoros realmente enormes que vienen a otros depredadores, y ‘Meg’ s’extinguió hace solo unos pocos millones de años».

“Si el megalodón existiera en los océanos modernos -confirma Danny Sigman, profesor de ciencias geológicas y geofísica en Princeton y autor principal del estudio-, cambiaría por completo la interacción de los humanos con el medio ambiente marino”.

Kast y Sigman descubrieron algunas pruebas concluyentes de que tanto el megalodón como sus antepasados ​​ocuparon el peldaño (o el nivel trófico) más alto de la cadena alimentaria prehistórica. De hecho, su ‘firma trófica’ está tan alta que los investigadores están convencidos de que el megalodón debe haber comido a otros depredadores, y a depredadores de depredadores, en una red trófica realmente complicada. Hay incluso evidencia de canibalismo tanto en tiburones mega dentados como en otros depredadores marinos prehistóricos.

La gran cadena oceánica

“La cadena alimenticia en el Océano -explica Kasttiende a ser más larga que la de los animales terrestres (hierba-ciervo-lobo), porque se empieza con organismos muy pequeños. Para alcanzar los niveles tróficos que estamos mi en estos tiburones mega dentados, no solo necesitamos agregar un nivel trófico, es decir, un único depredador en la cima de la cadena alimentaria marina. En la red alimentaria marina moderna, necesitamos agregar varios”.

Para conocer esta conclusión, los investigadores utilizaron una nueva técnica para mediar los isótopos de nitrógeno en células fosilizadas de megalodón. La regla general es que cuanto nitrógeno-15 haya en un organismo, mas estará en el nivel trófico. Pero esta es la primera vez que se miden las diminutas cantidades de nitrógeno conservadas en estos dientes prehistóricos.

“Tenemos una serie de dientes de tiburón de diferentes períodos de tiempo -afirma Zixuan C. Rao, coautor del estudio- y pudimos rastrear su nivel trófico en comparación con su tamaño”.

EL método de los isótopos de nitrógeno

Con ocasiones, las redes alimentarias prehistóricas pueden estar mediadas por marcas de mordeduras en huesos fosilizados, pero tal evidencia es escasa para los tiburones extintos. El novedoso método de isótopos de nitrógeno, sin embargo, ayuda a pintar una imagen de un antiguo mundo de peces que se ven a otros peces. “El objetivo de mi equipo de investigación es buscar materia orgánica químicamente fresca, pero protegido, incluido el nitrógeno, en organismos del pasado geológico distante”, dice Sigman.

Los organismos que se encuentran en la parte inferior del rojo alimentario, como las plantas y las algas, absorben nitrógeno del aire o del agua. Cuando otras especies los comen, la especie depredadora incorporó ese nitrógeno a sus propios cuerpos. Y si bien es cierto que parte de ese nitrógeno después regresa al mar con las heces, se excreta una mayor cantidad del isótopo más ligero del nitrógeno, N-14 (a veces en la orina) que del N-15 más pesado.

Por lo tanto, la N-15 se acumula en el organismo en relación con la N-14 a la mitad que suben en el nivel trófico.

Sin embargo, hay un problema. Si resulta relativamente fácil mediar los niveles de nitrógeno en animales de hasta 15.000 años de antigüedad, la pérdida de malas hierbas blancas bien conservadas en especies mas antiguas ha hecho que mediar el nitrógeno sea una tarea en este caso imposible. Hasta ahora. Afortunadamente, los investigadores se han dado cuenta de que pueden recurrir a otro tipo de restaurantes: los dientes.

De hecho, los dientes se conservan mucho más fácilmente porque están recubiertos de un esmalte duro como una roca que actúa como barrera para las bacterias en descomposición. Y los tiburones tienen muchos dientes que reemplazan constantemente.

“Los dientes -explica Sigman- están diseñados para ser química y físicamente resistentes, poder sobrevivir en el ambiente químicamente reactivo de la boca y romper los alimentos que pueden tener partes duras. Cuando miras en el registro geológico, uno de los tipos de fósiles más abundantes son los dientes de tiburón. Y dentro de los dientes, hay una pequeña cantidad de materia orgánica que se usó para construir el esmalte y que ahora está atrapada dentro de ese esmalte”.

Sigman y sus colaboradores han perfeccionado un método para medir pequeñas cantidades de nitrógeno en una fina capa de esmalte de los dientes de tiburones extintos hace millones de años y obtener así las proporciones de sus isótopos. De este modo, tras perforar los dientes, los productos químicos de limpieza y los microbios predeterminados el nitrógeno del esmalte en óxido nitroso, haciendo posible leer proporción. A laborious method y que Sigman ha tardado toda una década en poner a punto, pero que ahora permite medir incluso cantidades mínimas de nitrógeno.

Los investigadores consiguieron usar esta técnica con microfósiles hallados en sedimentos. Desde ahí, pasaron a los corales fósiles, los huesos de los oídos de los peces y finalmente a los dientes de los tiburones. «Ahora -dice Sigmantanto nosotros como nuestros colaboradores estamos aplicando esto a los dientes de mamíferos y dinosaurios».

“Nuestra herramienta -asegura Kasttiene el potencial de descifrar redes alimenticias antiguas; lo que necesitamos ahora son muestras. I encantaría encontrar un museo u otro archivo con una snapshotánea de un ecosistema, una colección de diferentes tipos de fósiles de un tiempo y un lugar, des de foraminíferos cerca de la base misma de la cadena alimenticia hasta otolitos (huesos del oído interno) de diferentes tipos de peces, hasta dientes de mamíferos marinos, además de dientes de tiburón. Podríamos hacer el mismo análisis de isótopos de nitrógeno y armar toda la historia de un ecosistema antiguo”.

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