dos violaciones y tres matrimonios

Norma Jean Mortenson sacrificó mucho más que su número por triunfar en Hollywood, dio literalmente su vida por convertirse en la mayor leyenda del cine, un rostro que formó parte de la cultura pop, una leyenda inmortal. Norma Jean se transformó en Marilyn Monroe, pero las heridas de su terrible pasado nunca cicatrizaron, moldeando una personalidad quebradiza, inmadura, emocionalmente dependiente. Tenía 36 años cuando encontró su cuerpo inerte lleno de barbitúricos. Fue su psiquiatra quien, alertado por el ama de llaves, pasadas las cuatro de la madrugada del 4 de agosto del 1962 rompió el cristal de la ventana de la casa en Brentwood, encontrándola tendida boca abajo en la cama.

Marilyn y Robert Kennedy en una cena de ABC

Esta es la versión oficial, pues según el biografo Anthony Summers, Marilyn murió en la ambulancia que la llevaba al hospital Saint Johns, en Santa Mónica, y fue devuelta a su residencia, donde había estado con Robert Kennedy, fiscal general de los Estados Unidos , a la sazón, hermano del presidente JFK. La relación de la estrella con los Kennedy, ambos asesinados con posterioridad, revivió las teorías de la conspiración que perduró 60 años después de su muerte. La autopsia reveló ausencia de violencia o pinchazos, así como la ingesta masiva de Nembutal (pentobarbital), recetado en casos de trastornos nerviosos graves e insomnio crónico, y la presencia en sangre de hidrato de cloral, de consumo poco común. La dosis de barbitúricos era estratosférica como para haber sido consumida por vía oral, máxima al no haberse detectado el paso de las píldoras por el estómago o el intestino delgado. La desaparición de los órganos impidió una investigación posterior que aclaró el asunto.

Meses antes, el 19 de mayo, Marilyn había protagonizado uno de los momentos más icónicos de su vida, cuando le dedicó el cumpleaños feliz al presidente Kennedy. Vestida con un modelo que Kim Kardashian reventó con su trasero en una lfombra roja, llegó tardísimo, se hizo presentar hasta en tres ocasiones, y finalmente apareció en el escenario tras ser anunciada por el actor Peter Lawford: “The late Marilyn Monroe”, fueron sus palabras, que pueden ser traducidas como ‘La impuntual Marily Monroe’ o ‘La difunta Marilyn Monroe’. Estas eran palabras oro puro para los amantes de las conspiraciones.

Hogares de acogida

Abandoned por su madre en un orfanato, deambuló por nueve hogares de acogida en los que se encontraron en un infierno durante cuatro años. Fue violado en dos ocasiones por el inquilino de una de esas familias, como denunció en 1953: la invitó a su habitación, cerró con llave y le dijo “Ahora no puedes salir, sé una buena chica” y la sometió a unoss abusos que ella nunca concretado de manera gráfica. Cuando lo denunció a su tutor, la abofeteó al tiempo de acusarla de mentir. No fue la única vez que sufrió abusos siendo una niña.

Ronald Reagan con Marilyn Monroe en Los Ángeles en 1959

Ronald Reagan con Marilyn Monroe en Los Ángeles en 1959 ABC

La ausencia de una figura paterna protectora y los traumas sexuales sufridos, marcaron su posterior vida sentimental. Marilyn estaba en muchas ocasiones siguiendo a un patrón: buscaba hombres que la protegieran con la fuerza, como el jugador de béisbol Joe DiMaggio, o con los sentimientos, como los escritores James Dougherty y, sobre todo, Arthur Miller, quien llegó a escribir : “¿Puede un hombre sonreír cuando contempla a la mujer más triste del mundo?”.

baja autoestima

Adicta a los tranquilizantes, incapaz de retener los diálogos, despistada, defensora de causas justas (fue una llamada suya al mítico Café Society de Nueva York, donde no actuaron cantantes negros, lo que hizo posible la actuación de Ella Fiztgerald que lanzaría su carrera) , Marilyn no se tenía en buena estima: “Soy hermosa por fuera, pero horrible por dentro”, confesó en uno de los poemas que no fueron publicados hasta el 2010. “Tengo tanto miedo a que no me quieren que, cuando me quieren, solo soy capaz de pensar en el instante, cercano o lejano, en que dejarán de quererme”. Han pasado 60 años de su muerte y el mundo la adora, pero ella no lo sabe.