Del tiempo y sus caminos (53): María José Mielgo Busturia: escritora y editora (II)

La segunda colección de relatos de la editora y escritora María José Mielgo Busturia lleva el título de Como la vida misma. Tiene el lector ante sus ojos una colección de relatos. Sí, pero ¿qué quiere decir esto realmente? ¿Qué formaba una colección y qué formaba un relato? Aquí entramos de lleno en el territorio de la escritora, pues lo que ella aquí nos ofrece es su mirada. Y esto ya quiere decir mucho, porque cada persona y cada escritor mira a su manera y es, precisamente desde esta manera de mirar, desde donde nos muestra su forma de ver el mundo, una forma que, en el caso de María José Mielgo, es una forma de ver la vida, pues el mundo de nuestro escritora lejos de ser un cuadro estático, es vida hecha a cada latido, a cada historia humana, a cada paso.

Nada puede extrañarnos que ella titule esta colección de la forma en que lo hace: Como la vida misma. Es la vida misma, la mirada hacia la vida de María José, lo que da carácter unitario a esta colección. Ahora, por tanto, la palabra colección y la palabra relato comienzan a tomar cuerpo. Hay tomar alma. Cada relato es un latido animado (recordemos aquí que animar es dar ánimo, dar alma) por la mirada profundamente humana de la escritora. Por ello mismo, los relatos, con sus personajes, circunstancias y hasta tonos tan distintos, están unidos por dicha mirada, y a la vez que, lógicamente, forman una colección, son manifestación de lo mirado y están animados por lo vivido.

Beatriz Villacañas, poeta

Es este un libro de ventanas abiertas. Abrir sus páginas es abrir ventanas. Ventanas a la vida. No en vano tituló María José Mielgo su anterior libro Las ventanas de la vida.

Pese a lo que la autora ve, pese a lo que cuenta en varios de sus relatos, el lector puede percibir que la vida es mismo impulso, aldabonazo de energía, motivivo de canto para ella. No olvidemos que el canto no ha de ser alegre a pesar de todo. Piensa en la fuerza de un corazón herido a la hora de cantar y componer canción. A la hora de escribir poemas, a la hora de crear, a cualquier hora. La ceguera de Milton no sólo no le impidió escribir su Paraíso perdido, sino que posiblemente contribuya a la energía y musicalidad de la obra. Podríamos decir algo parecido respecto a la sordera de Beethoven o las fermedades de Santa Teresa de Jesús. El canto se fortalece con la vida misma. He aquí unas ventanas abiertas a ella. María José Mielgo las abre aquí para nosotros.