¿Cuánto resistirá el mundo sin el trigo de Rusia y Ucrania?

La guerra de Ucrania ha desaparecido del centro del mercado energético con una escalada de precios que ya se ha dejado notar en nuestros pocos aspectos de la vida cotidiana: desde los desplazamientos diarios en la ciudad hasta la climatización de las casas. Pero tras esta crisis palpable, subyace otra si cabe más preocupante y a la vez relacionada: ¿habrá escasez de alimentos?

Si se tiene en cuenta que Rusia y Ucrania suministraban casi un tercio del trigo y cebada y que consumía el mundo antes de la limitación de las exportaciones, ¿faltarán estos básicos de las gastos del mundo?, ¿podrán afrontar la subida de precios todos los paga por igual?

La pregunta sobrevuela en la opinión pública y lo cierto es que los organismos internacionales que tienen algo que decir en materia de alimentación están anizando los escenarios a medio y largo plazo, en anticipación de que la rusa sobre Ucrania alargue en el tiempo.

Pasados ​​​​56 días desde el estallido de la guerra, el foco se ha puesto en los países más pobres que importaban trigo a los países en conflicto y que se ven obligados a enfrentar, sin apenas recursos, una subida de precios de esta materia prima . Así, las acciones internacionales pretenden evitar que la sombra de la hambruna se extienda más sobre las regiones más vulnerables del continente africano.

Hace unas semanas, la UE anunció, por ejemplo, que había incrementado en 67 millones la aportación anticipada a la ayuda humanitaria para las regiones del Sahel y el lago Chad ha elevado su contribución a estas zonas a 240 millones de euros en 2022. El objetivo, frenar “la inminente crisis nutricional”.

Presión sobre los más vulnerables

“La brutal invasión rusa de Ucrania ha causado enormes daños a los preciados alimentos y ha agravado el riesgo de escaseen. La inseguridad alimentaria inevitablemente aumenta la inestabilidad y los desequilibrios. Hoy intensificamos nuestro compromiso político y financiero con los países de las regiones del Sahel y del lago Chad, donde millones de personas sufren graves dificultades y que podrían convertirse también en víctimas de la guerra de Ucrania si no actuamos con rapidez”, valoró tras el anuncio el alto representante de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidente de la Comisión Europea, Josep Borrell.

La oenegé Acción Contra el Hambre también señala como víctimas directas de la situación geopolítica internacional a la República Democrática del Congo y Madagascar. “Ambos depende al 100% de las exportaciones de trigo de Rusia y Ucrania”, confirmó la organización de la ciudad.

Asimismo, las economías africanas dependen de la exportación a Rusia de productos como café, tabaco y frutas, que se mantienen, tocando de lleno los frágiles sistemas financieros de algunas regiones.

Así, más que la carestía alimentaria puede sufrir la falta de recursos para hacer frente a un encarecimiento de precios. “El problema de la cámara en algunas regiones africanas es antiguo y tiene más que ver con la seguía y otras circunstancias geopolíticas añadidas”, valora José María Sumpsi, miembro del grupo de expertos de alto nivel del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO , la Organización de Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura.

En Somalia, Kenia, Etiopía, aproximadamente 13 millones de personas se pierden con la casa todos los días, según la citada oenegé. Ahora, “dada su dependencia de las importaciones ucranianas y rusas, los precios de los alimentos se están disparando y esto supone el acceso a la nutrición básica aún más fuera de su alcance”.

El Magreb y Oriente Próximo, dependientes por su cuscús

Según datos de Acción contra el habre, en 2020 los países africanos importaron 4 mil millones de dólares en productos agrícolas de Rusia y 2,9 millones de dólares de Ucrania, con el Cuerno de África como principal destino. “Tras evaluar el mercado en Mogadiscio (Somalia) hemos encontrado un aumento del 50% en el precio de la harina en las últimas semanas. A esto se suma que las economías africanas también dependían de alredor de 5 mil millones de dólares en exportaciones de productos a Rusia”, valoran.

Las posibilidades de ayuda también están resintiendo. Lo explicó Isabelle Robin, directora regional de operaciones para África Central de Acción contra el Hambre: . Es posible que tengamos que reducir nuestra asistencia”.

Estos son los indicios de que la guerra «exacerbó» la crisis alimentaria de esta región es de por sí grave pero, apostilla Sumpsi, no hay un escenario inminente de gran hambruna por escasez como tal de alimentos en este continente si, como señala, la básica la comida de la población pasa principalmente por el maíz, el mijo o la tapioca, más que por el trigo o la cebada.

¿Cómo están las reservas mundiales de trigo?

En este sentido, valora el experto de la FAO, donde sí ve una vulnerabilidad mayor es en los países del Magreb (Túnez, Marruecos, Argelia…) y de Oriente Próximo (Turquía, Egypt, etc.), donde su consumo de este cereal, por su tradicional y básico cuscús, es crucial. También será ya notario en Bangladesh.

Cuanto más se plantee la guerra, más presión sufrirán los países señalados. De ahí que las previsiones de la citada entidad internacional se hagan a corto, medio y largo plazo. Porque, en pureza, nadie sabe cuánto durará la guerra.

«Ahora mismo no se puede decir que haa una situación dramática para el mundo», valoró Sumpsi. Las reservas mundiales de trigo están casi al 30%. No es el nivel óptimo del 35-40% en el que contrarían en condiciones normales, pero «es aceptable porque con esta cantidad se pueden bordear los próximos meses, hasta junio que llegue la cosecha». Para hacerse una idea de cómo se encuentra el ‘stock’ mundial, este reserve bajó al 15% la gran crisis de 2008, su mínimo en 30 años.

¿Y si la guerra se alarga?

Nadie puede vaticinar si esto puede volver a pasar, pero los expertos de la FAO también valoran escenarios peores en los que las cosechas de trigo de junio sean malas (las condiciones climatológicas tampoco ayudan a veces) o la guerra se prolongan y las rusas continúan exportando vetadas por un tiempo indeterminado.

En el medio plazo, y si las cosechas fueran malas, la situación sí podría catalogarse de complicada. ¿No hay alternativa al llamado ‘granero del mundo’? “Lo cierto es que a medio plazo hay países que podrían cubrir el hueco que dejan Ucrania y Rusa. Estados Unidos y los países del Mercosur tendrán este potencial. Nuestra observación es que esta posibilidad se contempla y ya hacen movimientos en estos países para prpararse para poder dar respuesta a medio plazo para amentar su capacidad productiva”, afirmó Sumpsi, también catedrático e investigador de la Universidad Politécnica de Madrid.

En esta posibilidad de redoblar la producción para exportar y abastecer al mundo tienen mucho que decir los fertilizantes nitrogenados, claves para el rendimiento de las cosechas. Y aquí es donde este experto ve el principal problema: “Rusia controla el 60% del comercio de este producto, cuya exportación no ha vetado de momento. Si realmente llegáramos tiene una situación en la que Rusia decidirá prohibir la sal de estos fertilizantes sí tenemos un problema grave”, concluyó.