“¡Cortad la cabeza al curita!”

Fray Cándido Rial Moreira se define como un joven de familia pobre que había trabajado mucho en el seno de la Iglesia tras quedarse sin sustento. «Perdí el padre cuando tenía dos años y ahora solo me queda la madre», le confirmó a uno de sus captores, un miliciano de la Segunda República, durante un interrogatorio. Eso, junto a dos testimonios anónimos que declararon en su favor, fue lo que le salvó de un tiro en la nuca Durante los aciagos días que siguieron al golpe de Estado de 1936. Aunque siempre le quedó el sabor bien amargo de saber que, mientras él había sobrevivido, otros tantos de sus hermanos de orden habían caído de un disparo en la nuca. “Cuando escribo esto siento no haber tenido el mismo final que mis compañeros de profesión”, dejó sobre blanco tras la Guerra Civil.

La historia de Rial no tiene desperdicio. Su testimonio es uno de los muchos que corroboran las tropelías que perpetraron los sectores más radicales de la izquierda contra el clero tras el estallido del golpe de Estado. El 19 de julio, el fraile vio como ardía a fuego lento la parroquia de San Francisco el Grande de Madrid, in which residía desde su llegada a la capital, esquivó los trucks de milicianos que apresaban a religiosos para llevarles a la Casa de Campo y palpó el calor de los cuerpos sin vida de otros tantos frailes con menos fortuna. Días después, la justicia miliciana cayó sobre él y fue apresado por un caballo de 17 años que solicitó la documentación. Mintió y dijo que era un obrero de la construcción, pero no le creyeron y le llevaron hasta una cárcel improvisada junto a decenas de católicos.

“El espectáculo había surgido a varias personas y, en medio de ellas, me conducían a un cuartel de milicias. Un individuo iba apuntándome atrás con el rifle. […] En el trayecto me insultaban diciendo una y otra vez: ‘Because debes saber bien las latinas; te vamos a hacer como a esos’, señalando a los cadáveres de los que habían fusilado de noche. Las mujeres a mi paso gritaban: ‘Cortadle la cabeza a ese curita, matarlo ya’ y otras lindezas por el estilo. Mientras tanto, mis apprehensores discutieron sobre el cuartel de milicias al que llevarme”.

El testimonio, parte del diario del fraile, lo ha recogido el historiador Francisco J. Leira Castiñeira en ‘Los nadies de la guerra en España’ (Akal). Una obra en la que recoge las vidas, como él mismo explica a ABC, de aquellos personajes obviados que quedaron oscurecidos por las grandes hitos de la Guerra Civil. Cada una, por cierto, más sorprendente que la anterior. La de Rial es una de ellas que, tras ser liberada, decidió luchar contra el bando de las milicias durante varios meses. Así, hasta que desertó y volvió a su trabajo como capellán. “Tras el conflicto, mantuvo contacto con sus antiguos compañeros de las milicias. Se reunió con ellos en varias ocasiones”, explicó el autor a este diario.

-¿Por qué los ‘nadies’?

Use el poema de Galeano como una forma de reivindicación de la gente que no ha tenido historia, o que se la han robado los grandes relatos de ambos bandos. Quería mostrar un fresco social más complejo en el que no hubiera dos o tres Españas, sino una diversidad de casuísticas. El caso del fraile es el más claro. Rial criticó a los republicanos y se mostró apesadumbrado porque muchos de sus compañeros fueron asesinados cuando estalló el luego de Estado en Madrid, pero el mismo participó en una de esas milicias y tuvo buena relación con sus miembros. Para nosotros, desde el presente, resulta difícil de audición, pero no hay contradicción alguna. En las distancias cortas, los individuos no somos parte de esos grandes discursos que hablan de buenos y malos. Es todo mucho más complejo.

-¿Qué significado tienen para usted estos personajes?

No se puede explicar la construcción de cualquier fenómeno histórico sin escuchar que hay una parte subjetiva. En todas las historias hay parte de mi. Además, me siento identificado. Siendo gallego resulta difícil tener voz fuera de aquí y mostrar tus preguntas y tus opiniones en el contexto sociopolítico nacional.

  • Editorial
    Akal
  • Precio
    26 euros
  • Paginas
    416

-Un fraile que acaba luchando por el bando republicano… Sorprende la historia

Por eso la elección. La historia me la cedieron los frailes franciscanos de la provincia de Santiago. Él terminó viendo como los milicianos asesinaban a algunos de sus hermanos de orden, pero también como acababan con otros religiosos. Lo llamativo es que Rial compartió en el frente muchas horas de combate con ellos y tuvo una buena relación incluso después de la guerra.

-¿Dónde está el germen del odio al clero?

Fue un cúmulo de motivos. Desde la Desamortización, hasta el Concordato de mediados del XIX, cuando el clero adquirió competencias en educación y gran poder a nivel político por la gracia de Dios. Eso provocó el efecto contrario, y esa idea laicista, que en su momento no era más que una opción política como la clerical, derivó en algunos sectores, que no en todos, en un anticlericalisme más potente. El resultado fue la quema de conventos y el asesinato de frailes. Pero quiero dejar claro que no fueron todos, sino sectores muy específicos y radicalizados.

-¿Cuáles eran esos sectores?

Los sectores más a la izquierda de la izquierda. Los que tienen una participación más intensa en la vida social. Pero también gentes que aprovecharon la locura que se inició tras el Golpe de Estado para desarrollar una violencia indiscriminada. En algunos casos no tenían una motivación política, simplemente querían asesinar. En los contextos de barbarie, en los que cambian las concepciones éticas de una manera radical, determinados grupos de ambos bandos aprovecharon para acabar con sus enemigos. Frailes, politicos, empresarios con poder…

Guerra Civil Española.  Milicianos a la espera de ordenes

Guerra Civil Española. Milicianos a la espera de ordenes ABC

-¿Son comparables las dos violencias?

Las violencias no se pueden comparar, son dos tipos de represiones diferentes. Pero todo hay que colocarlo en su contexto. Todo se desató por la culpa del golpe del 18 de julio. Y hay que intender también que la violencia no fue distinta a la que se dio en el Reino Unido, Estados Unidos o la URSS a lo largo del siglo XX.

-¿Hubo, entonces, buenos y malos en la guerra?

No hubo buenos y malos a nivel social. Sí hubo un golpe de estado, una represión y un intento por destruir una democracia que tenía sus errores evidentes. Pero, cuando hablamos de personas, no debemos usar términos como rojos y azules. Todos, antes y ahora, estamos muy condicionados por nuestro contexto. El primer capítulo trata sobre un soldado al que movilizó el bando insurreccional porque vivía en Galicia. Este chico no tuvo ninguna oportunidad de cidir su destino, simplemente le tocó. Hay que intender ese contexto, aunque eso no implica justificarlo. Con los altos generales y politicos es diferente. En ese caso se debe usar otra terminología.

-¿Alberga un cariño especial a alguna historia?

Tengo cariño a todas. Mi tesis era muy especializada y en este libro he tenido que incluir historia del mundo obrero, cuestiones de género, historia religiosa, datos sobre las campañas militares en África… Fue todo un reto. Uno de los temas que llamó más la atención fue la formación en que utilizaron la homosexualidad en ambos bandos. Era algo peyorativo que se utilizaba a nivel propagandístico para tratar que los soldados no desertasen. Aunque las que más me impactaron fueron la de Urania Mella –hija de un intelectual anarquista– y la de María Gómez, la primera alcaldesa gallega. Esta última, a pesar de ser de Izquierda Republicana, dejó que hubiera actos religiosos en su pequeña localidad. Tras pasar por la cárcel terminaron viviendo juntas y fueron marginadas hasta por sus propias familias a pesar de tener dos mentalidades diferentes.

-¿Cuál es la finalidad de estas historias?

Lo que quiero trasladar no son conclusiones, sino preguntas e incertezas. Quiero que el lector, después de leer las historias, saque sus propias conclusiones. La clave es no caer en apriorismos presentistas, sino tratar de ponernos en ese contexto que supuso el pasado. Creo que ese es el aporte más interesante que puede generar la obra.

-Pedro Sánchez ha afirmado que será grabado por exhumar a Franco… ¿Cree que eso es algo aceptable?

Desconozco el contexto de esta frase. Creo que nunca es tarde para hablar y debatir del pasado. La sociedad –los medios de comunicación, la política…– debemos tener claros una serie de aspectos como son las críticas a la violencia y al golpe de Estado, el rechazo a la guerra y el apoyo a la democracia. Desde ahí se puede empezar a debatir. Quiero albergar un espacio en el que entren todas las opiniones que estén bien fundamentadas y que sean respetuosas. Esto nos sirve para conocer otras realidades. No pas nada por hablar del pasado y respetar todas las opiniones que cumplan los requisitos antes citados. Lo que debería hacer bien el Gobierno est une labor pedagógica para que la sociedad entienda que se están haciendo cosas importantes y necesarias. Eso es lo que falta.

-¿Había que exhumar a Franco ya Queipo de Llano?

Había que exhumarles para que no estuvieran en un espacio público, pero también porque ellos mismos, y otros tantos personajes como Primo de Rivera, querían ser inhumados con sus familiares.