Comer menos podria ayudarnos a vivir mas y mejor

El envejecimiento es un proceso fisiológico definido por la acumulación de cambios negativos que se producen tanto en las células como en los tejidos. Los avances en el campo de la medicina han permitido prolongar nuestra esperanza de vida. Pero también han aumentado la prevalencia de enfermedades propias de la edad.

Han sido varias las teorías que se han postulado con el objetivo de dar una explicación a este proceso y, de paso, encontrar cómo retardarlo. En este sentido, el ser humano en general y la comunidad científica en particular tienen un especial interés en conocer la fórmula de la eterna juventud de los siglos.

Comer menos para vivir más

En este escenario, la restricción calórica es la intervención que se ha mostrado más efectiva para prolongar la esperanza de vida de diferentes organismos.

Esta intervención consiste en reducir la ingesta calórica (entre un 20 y un 40% de la ingesta calórica), pero cubriendo las necesidades de todos los nutrientes (sin malnutrición).

Así, se ha descrito que la restricción calórica es efectiva para aumentar la esperanza de vida de moscas, roedores y monos.

Sin embargo, es más claro y más amplio el ejemplo estudiado sobre el efecto de la restricción calórica en la longevidad de los habitantes de la isla japonesa de Okinawa.

En este caso, para estudiar las posibles razones que justifican la alta incidencia de centenarios que vivían en esta isla, se observó que la nutrición de estas personas tenía unas características concretas. Los datos epidemiológicos demostraron que, naturalmente, esta persona vive con una restricción calórica de entre 10 y 15%. Esta característica nutricional justificaría la mayor longevidad y la menor tasa de enfermedades propias de la vejez que se desarrollaron en estas personas.

Pero ¿por qué? En cuanto a los mecanismos involucrados en los efectos de la restricción calórica sobre la longevidad, se dice que la intervención produce una “adaptación metabólica”.

Dicha adaptación produce una menor tasa metabólica (gasto energético por unidad de tiempo en reposo), una mejora en la eficiencia del gasto energético en reposo y una menor producción de especies reactivas de oxígeno. Esto, a su vez, se relaciona con un menor daño oxidativo en órganos y tejidos.

Asimismo, la restricción calórica también activa la autofagia, proceso en el que elimina proteínas, órganos y agregados defectuosos del citoplasma, protegiendo la función celular.

Comer menos para vivir mejor

Pero los beneficios de la restricción calórica van más allá de prolongar la esperanza de vida. Finalmente, se ha descrito que esta intervención produce efectos beneficiosos en diferentes casos metabólicos y favorece un envejecimiento “más saludable”.

En este caso, porque es evidente que la restricción calórica será especialmente beneficiosa en personas con obesidad. Sin embargo, también se ha visto que producen beneficios a nivel metabólico en sujetos sin salud ni obesidad.

Por ejemplo, ayudar a reducir el peso corporal (principalmente en forma de grasa), reducir los niveles circulantes de intermediarios proinflamatorios (como el factor de necrosis tumoral α) y disminuir los niveles sanguíneos de glucosa, triglicéridos y colesterol, así como la sangre. presión

Mismo modo, se ha descrito que la restricción calórica reduce la inflamación del sistema nervioso central, proceso implicado en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.

Este efecto sería mediado, entre otros, para la reducción de la glucemia y los niveles circulantes de productos finales de glicación avanzada, aumento de la actividad parasimpática o la activación de rutas de señalización antiinflamatorias.

Por otro motivo, debido a que la restricción calórica modula la composición de la microbiota intestinal (enriqueciéndola en bacterias beneficiosas), la cual ha conseguido aliviaría la neurodegeneración. En este sentido, el eje intestinal-cerebral mediando es un efecto neuroprotector de la restricción calórica a través de vías neuroendocrinas e inmunitarias.

Así, la composición de la microbiota derivada de la restricción calórica del lugar tiene una mayor producción de neurotransmisores y sus precursores (como la serotonina y el triptófano) y metabolitos microbianos (como los ácidos grasos de cadena corta) que, una vez superada la barrera hematoencefálico, tiene un efecto neuroprotector.

A partir de la mal formada, la microbiota intestinal también necesita verse directamente en el cerebro a través de los nervios, donde se cree que puede estar relacionada con la inflamación a nivel cerebral, así como con la respuesta al estrés y el estado de ánimo. .

¿Y si hubiera compuestos con los mismos efectos que la restricción calórica?

Sopesando la evidencia científica relativa a los beneficios de la restricción calórica en diferentes enclaves, la realidad es que este tipo de intervenciones no solo son muy populares y solo tienen una baja adherencia.

Por ello, en los últimos años el concepto de “miméticos de la restricción calórica” ha ido ganando peso. Es una clase de moléculas o compuestos que, en principio, imitarían los efectos antienvejecimiento que tiene la restricción de calorías en muchos animales de laboratorio y humanos.

Estas moléculas inducen efectos similares a los productos de la restricción calórica (principalmente desacetilación de proteínas y activación de la autofagia), sin necesidad de reducir la ingesta calórica.

Existen miméticos de la restricción calórica de origen natural, entre los que destacan los polifenoles (como el resveratrol), poliaminas (como la espermidina) o antiinflamatorios no esteroideos (como el ácido acetil salicílico).

También se han desarrollado miméticos de la restricción calórica sintética, los cuales han demostrado ser efectivos en la reducción de peso corporal y la mayor resistencia a la insulina en mapaches genéticos obesos.

Estas moléculas actúan principalmente inhibiendo la ruta de la proteína PI3K, la cual activa la anabólica y la acumulación de nutrientes (entre otras cosas). Queda por comprobar si los resultados prometedores que se han descrito en animaux también se mantienen en humanos.

En vista de los datos actualmente disponibles, queda claro que, más allá de alargar o no la esperanza de vida, la restricción calórica sí nos puede ayudar a vivir y envejecer mejor. Además, los avances que se están llevando a cabo en el desarrollo de miméticos de la restricción calórica podrían ayudar a que los beneficios de esta intervención lleguen a más personas.

Iñaki Milton Laskibar

Investigador Postdoctoral en Grupo de Nutrición Cardiometabólica, IMDEA Alimentación. Investigador en Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CiberObn), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Laura Isabel Arellano García

Estudiante Nutrición y Salud, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

María Puy Portillo

Catedrática de Nutrición. Centro de Investigación Biomédica en Red de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea.

Publicado originalmente en The Conversation.es