Así es la casa de la ‘Pompeya de la Palma’ that renació de la ceniza dos meses después de la erupción

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San Nicolás, la ‘Pompeya de La Palma’, recorrió el mundo. Esta localidad del municipio de El Paso generó tanto impacto, hipnotismo como volcán destructivo de La Palma. De hecho, San Nicolás también tiene algo de hipnótico.

Este lugar donde no llegó la lava pero sí la ceniza sepultándolo absolutamente todo (casas, carreteras y hasta a los muertos de un cementerio) dejó algunas de las imágenes más impresionantes y sobrecogedoras de la erupción.

El manto gris, del que asoman tímidamente alguna chimenea y, cons suerte, algún tejado ou una ventana que déja ver una vida en pausa, lo cubre todo convirtiendo este lugar en un barrio nuevo o en irreconocible y casi inaccesible. San Nicolás está enterrado y arrasado y sobrio el reina el silencio, ahora que no lo interrumpe la caída de los piroclastos. Con todo, mantener una belleza inquietante.

Weigh a que la gran mayoría de las casas de San Nicolás siguen enterradas, los vecinos se afanaron desde que los abandonaron entrar (cuando los gases lo permitieron) para despejar la ceniza de los tejados y quitarle un peso a sus hogares que podían terminar, no solo de sepultarlas sino también de derrumbarlas.

Es precisamente esto lo que hizo Julio con su casa, una segunda residencia que quedó completamente cubierta y que hoy puede verse perfectamente despejada en un mar de ceniza a su alrededor. La otra buena noticia es que no solo está en buen estado en el exterior sino que por dentro también está “intacta”, cuenta Julio a ABC. “Entrad y mirad, no hay problema”, dice orgulloso invitando a todo el mundo a ver el ‘milagro’.

Mientras sigue trabajando, con un inexplicable jersey de lana desgastado debajo de un sol abrasador y con varias horas de trabajo encima retirando ash con la pala, Julio cuenta que entró a salvar su casa, «incluso con el volcán encendido para apuntalarla y evitar que se cae por el peso; ahora está totalmente despejada”, narró desde el jardín de su casa, empapado de sudor.

Lo ayuda a su hijo y un operario con una retroexcavadora para poder despejar la calle qu’allowe la entrada a su casa, aún inaccesible y por donde resulta casi imposible avanzar porque los pies se hunden en la ceniza.

“La hice yo”

Julio es palmero y dice sin occult su nostalgia y su orgullo que esta casa está hecha con sus manos. “La hice entera, con la excepción de la albañilería”, cuenta. Pese al duro trabajo que está suponiendo la reconstrucción no pierde la sonrisa. Algo más disgustado se muestra a su hijo, que carga contra políticos y funcionarios de la isla, por promises que se hacen pero no se cumplen, por ayudas que no llegan…

«Me gustaría saber cuándo nos van a dejar usar el basalto que se está obteniendo del volcán para poder construir… Prometen mucho pero yo no he visto nada», dice sin soltar la pala.